Quiero una mujer que me revuelva,
quiero que mueva mis cosas,
quiero que me mire, me aparte y desarme.
Que saque todo afuera de las cajas donde escondo mi vida,
que camine y sonría,
que me cambie de lugar sin cambiarme,
y si quiere quedarse que se quede sin que se lo pida,
que se vea en el espejo sin miedos
para que yo no vea los míos
y si tiene que decir te quiero, que sea
hoy, ahora,
porque mañana, a veces,
es demasiado lejos.
Ruben Mangiagli.
Y de repente me doy cuenta de qué es lo que quiero.
.
Tormenta
.
.
Ella llegó del país de los meteoros,
el de las tragedias
que te alcanzan cuando aún
ni siquiera llegaste
a la mitad de tu vida,
de las conmociones,
las catástrofes,
y de los estragos.
De los libros de las invenciones,
donde uno se inventa
a si mismo porque
necesita la fuerza que
no está
escrita para ningún destino y,
donde las agujas se caen desde
los relojes cuando
el tiempo no alcanza para
que los justo sea
justicia,
Pero yo la quiero en mis días,
en los rincones
que me quedan de vida,
en los ratos que ella
tenga
para quererla, para que me
quiera si lo desea,
y para estar cuando necesite
un abrazo con gusto
a luna nueva.
Ruben Mangiagli.
A veces!
.
A veces, y casi todas, soy una historia en las mujeres
que quise que pocas se atreven a contar.
Otras, una memoria, un deseo perenne que ninguna
puede olvidar,
Y a veces soy como un barco cautivo a las amarras,
que el viento arranca milagrosamente del ancla hacia
la tempestad
de un nuevo amor, otra memoria, de otra soledad.
Ruben Mangiagli.
Sin adverbios.
.
Sabes que te quiero,
con todos los verbos y la carencia
absoluta de adverbios.
No importa cuanto.
donde,
aquí, allá, cerca, lejos,
tampoco
de antes o después, todavía,
bien o mal,
si siempre o desde un jamás,
con mi acaso,
con tu quizás.
Te quiero desde el primer beso
en el medio de los demás,
y más aún en que te debo
cuando nos encontremos
de nuevo,
un poco lejos del ahora
un poco cerca de seguro llegará.
Ruben Mangiagli
Visiones.
.
He visto los ángeles caer del cielo
sin tocar el suelo
queriendo llegar al infierno,
a los mejores escritores sucumbir
a la tentación del halago
como si la eternidad de sus
propias palabras no les alcanzara,
las calles con vagabundos ricos y
perdidos sin tener donde ir,
a los que no tenían que pedir perdón
hacerlo,
y los aborrecibles festejarlo
mientras los censores cortaban
párrafos para no ofender a
Dios,
caminar a los ignorantes como si el
desconocimiento del dolor tuviera
buen sabor,
y me he visto a mi mismo en un poema
de amor aborrecido sin razón.
A veces creo que he mirado todo lo que
hay a mi alrededor,
pero no, sigo buscando en los rincones de
las esquinas de la noche,
en libros aun no escritos, en el tiempo
que se consume con una
copa de licor,
a esa mujer que calme la locura de
de mi corazón
viejo, roto, partido en dos, con solo una
mirada de verde tierra que borre el
pasado que me atrapa
en esta melancolía de desconciertos de
cuerpos me abrazan sin amor.
Ruben Mangiagli
Vísperas.
.
Camino por una calle cualquiera,
es vísperas de otra Navidad,
tiempo de amor ...
los crucificados pasan a mi lado
invisibles para los demás,
otros aún llevan su cruz , como
si fuera un ritual
de compras para poder mentir
y desear felicidad,
las luces iluminan la ciudad de
colores no son de verdad,
todos mirando su teléfono para
ver si hay saludos y
si su foto en Instagram alcanzó
por fin el millar,
Unos jóvenes pintan en un muro
“ lo mejor está por venir”
tiempo de paz...
mientras las noticias cuentan en
una televisión
que los que creen en un Dios han
vuelto a matar,
a mi lado una anciana lleva vacía
su bolsa de pan
otro día que no sabe si por la
noche cenará,
mientras el cartero lleva miles
de tarjetas que no llegaran,
Sigo caminando y a los lejos unos
niños cantan
Feliz Nochebuena, Feliz Navidad.
Ruben Mangiagli.
Un día.
.
Hay un día para los amores que no fueron,
los imposibles que se hicieron sueños.
los perdidos entre lagrimas que solo se ven
en el corazón,
Un día para los olvidos de uno que no nunca
serán de dos,
para tomar otra mano y que nos vuelvan a
enseñar a caminar,
para probar el sabor de otros labios sin pensar
en lo que dirán,
Un día para decir basta, para despertar,
para mirar otros ojos que nos reflejen una
vez más.
Un día para volverse a enamorar,
marcado en un calendario personal que a veces
pensamos nunca llegará,
pero llega, nada ni nadie lo puede evitar.
Así que respira, sonríe, vuelve a soñar,
la vida son cuatro días nada más,
no pierdas uno en quien jamás te querrá,
en quien no tendrás,
en que te cambió y se perdió lo mejor de vos,
porque para amar hay que amarse,
aunque la soledad pese, intenta olvidar y
formar nuevos recuerdos,
esos que son buenos, pero buenos de verdad.
Ruben Mangiagli.
Poema abierto.
.
He sentido mi pecho inútil,
el olvido de los olvidos
disueltos en el café
de los inviernos,
las letras adormecidas por
el dolor sin analgésico
de estrofas que
nunca fueron soneto.
He respirado sin costillas
con mi corazón expuesto
hecho añicos
por amores de otros tiempos,
hasta que una noche sin
esperarlo tus besos
devolvieron a su sitio
mis equívocos no resueltos
y sentí de nuevo las venas
de mi hombría,
que deshacían viejos deseos
mientras mis manos
aprendían
de memoria cada instante
de tu cuerpo.
Ruben Mangiagli.
Seguir.
.
Todos estamos solos,
rotos,
pegamos parte de otros en nosotros,
y sonreímos,
sanos,
locos,
e insanos nos volvemos a enamorar,
pensado,
sintiendo,
proyectando,
caemos y nos levantamos, sin saberlo
empezamos,
construimos,
esperamos,
somos mil mundos en uno, universo
multiverso,
verso,
vemos,
todos estamos vivos mientras sin
querer o queriendo
morimos,
pero vale la pena el intento porque
vivir
es
sobrevivir,
y reescribir a fuerza de golpes eso
otros
llaman
destino
aunque no sepamos donde ya ir.
Ruben Mangiagli.
Gracias.
.
de las cosas son importantes,
esas que se quedan en tu cuerpo
y solo hablan de verdad,
siempre creo que todo me lo gané,
y lo que fui perdiendo se
quedó en un camino no volverá.
noches se hicieron mañanas entre
risas, copas y placeres que
no voy a narrar,
los que estás cerca y los que
en la distancia también su
alma puedo tocar,
siempre estarán,
los escogidos en la absoluta
reciprocidad.
que no me eligieron como padre
y que nunca me dejaron solo
ni yo a ellos jamás.
quisieron a pesar de mí, a sus
besos que callaron mis palabras
y calmaron mi ansiedad.
que se me cumplieron e
hicieron de la fantasía mi
simple realidad.
Ángeles y demonios.
.
Algún día mis ángeles y demonios
harán una tregua,
se mirarán compasivos y alguno
dirá:
"anda...ve"
y quizá pueda comenzar a amarte.
Ruben Mangiagli
Verguenza.
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Nos avergonzamos por sentir,
por sentir por quien no deberíamos sentir.
Por desear.
Por lo que hacemos en la intimidad, o solos.
Por desear más.
Por coger poco.
Por coger mucho.
De nuestro pasado.
De los fracasos.
De fotos intimas.
Por callar.
Por decir.
Por amar con el alma.
Por calentarnos.
Por mentir.
Por decir la verdad.
De los miedos.
De nuestra edad.
Por tener.
Por querer tener.
Por no tener.
Y así vamos, con verdades y omisiones,
silencios
de cuatro estaciones,
entre pajas y cervezas,
mientras se nos va la vida, y nada nos queda.
Ruben Mangiagli.
Amor, amor.
.
Hagamos el amor, amor,
de uno en uno
poniendo todo,
sumando para restar el dolor,
Querernos sin esperar nada,
con el cuerpo en caricias inéditas,
con las almas en las manos
para que se puedan tocar,
y que los besos sean palabras
de poesías por acabar
que jamas terminaran.
Hagamos del amor el amor,
por una vez
con lo mejor,
sin promesas de después
con sonrisas que no sean de ayer,
que el compendio de los días
solo sea un momento
y un instante
un puñado de realidad
y que los huesos se fundan
hasta que que casi no podamos respirar,
olvidarnos de pensar
para sentir todo y un poco más,
hagamos el amor, amor
y que después él nos haga a nosotros
sin tantos miedos a que
nos podamos enamorar.
Ruben Mangiagli.
Érase una vez un niño.
.
Vivía en un pueblo que ya no existe, en una casa que ya no existe, al borde de un campo que ya no existe, en el que todo se descubría y todo era posible.
Un palo podía ser una espada. Una piedra podía ser un brillante. Un árbol, un castillo.
Érase una vez un niño que vivía en una casa que estaba al borde de un campo y, al otro lado del campo, vivía una niña que ya no existe. Los dos se inventaban mil juegos. Ella era la reina y él era el rey. A ella le brillaba el pelo al sol de otoño, como una corona. Recogían el mundo a pequeños puñados. Cuando el cielo oscurecía, se despedían, y tenían hojas enredadas en el pelo.
Érase una vez un niño que amaba a una niña, y la risa de ella era como una pregunta que él quería pasar la vida contestando.
Arder en frío.
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Arde una letra, luego otra,
hasta que la palabra se hace fuego, sin calor,
fuego griego que quema
en una alquimia difícil de entender,
como si la nieve fuera río
y el agua solo un destino de duros caminos
hundidos que ya nadie
recuerda entre barro de olvidos.
Arde el deseo, de sudores
fríos, de caricias en entredichos de frases
que se susurran a un oído
en algún idioma harto desconocido,
mientras las manos mancas
de sentidos rememoran un cuerpo perdido
que alguna vez hace tanto
hemos querido con descuidos.
Es el amor del no amor que
se se ejecuta como sentencia de un placer
no concebido, no consentido,
huérfano, lleno de instintos,
que son solo momentos de
extraviados en alguna madrugada sola que
tiene un nombre propio fugaz
en la síntesis de lo efímero.
Ruben Mangiagli.
Desde mi alma.
.
a vos, a los que necesites que llegue,
aunque no haya remedio para lo irremediable,
por más el dolor sea más fuerte que todo el dolor
de la injusticia que no tiene explicación,
tenga tanto poder como para no poder más,
y la risa sea solo una sonrisa,
una mueca para no abandonar,
no parar, no parar
aunque no puedas ya,
que no tendrán respuestas jamás,
aunque no sirva,
no cure,
no consuele,
no cambie nada,
Sin palabras.
.
A veces pienso que gasto todas mis palabras en un día,
y el silencio me puede,
me domina,
cierra mi garganta,
Se quedan los vocablos encerrados, como si la dignidad
sea solo oscuridad,
domina,
hasta el punto que extrañar,
solo sea posible cuando mil imagenes imaginarias sin
sonido se encadenan
entre el nunca
y tan tan cercanas al jamás.
Ruben Mangiagli.
243
.
A veces estoy en el límite entre la genialidad y la locura, en la frontera de lo trivial y vulgar, entre el bien y el mal, la mentira y la verdad. Son tan tenues las diferencias.





















