El sabor de mi silencio es ella. Su propio silencio. El espacio muerto clavado siempre entre los dos silencios . El de ella es el mío en palabras escritas impacientes que perdieron la rima y llenan de vacío mi poesía, pero aún así siguen encadenadas, pacientes en la búsqueda cada vez más desesperada de una entrada inexistente para llegar a su voz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario