Recuerdo. Historias de una pandemia 36 ( Covid 19)


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Recuerdo el momento

exacto dejaron de cantar
los pájaros,

fue durante los primeros
días de Marzo,

las sirenas sonaban a
cada rato,

incesantes, certeras,

como lúgubres mensajes
de rayos que
anunciaban

el miedo, un encierre,
la muerte
y el desasosiego,

todo pronto quedó
desierto,

se esfumaron las risas y
las sonrisas

fueron borradas por tantos
y tantos duelos,

Sí, recuerdo cuando
dejaron
de cantar los pájaros,

fue al mismo tiempo que
desaparecimos
nosotros

y nos quedaron solo las
memorias de rincones
fuera

de las ventanas y esas
ganas de abrazar
a una persona

para decirle solamente
un te quiero.

Ruben Mangiagli




Diálogos.


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Escribo diálogos porque no me gusta describir cosas por mí mismo. Me gusta el punto de vista y los puntos de vista cambian. Todo se basa en cómo una persona ve cualquier cosa que esté ocurriendo. Incluso el tiempo.

Soledad, otra forma de amar.

- Yo no te quiero -
- Yo tampoco -
- Todo puede cambiar ¿ No ?
- Se nos va la vida, el tiempo y la realidad
¿ Quieres ir a caminar ? -
- ¿ A donde ?
- ¿ Acaso importa ? que más da.

Se tomaron de las manos y no se soltaron más.
Empezaron a quererse.

Ruben Mangiagli.



Estrella caída.


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Hay un lugar donde caen las estrellas
olvidadas,
esas no brillan y
no tienen colas de luces de guirnaldas
ni nombres
que aparezcan en los mapas,
sin lunas rodeen
esa soledad eterna pactada,

son como personas anónimas, esas
que nadie reclaman,
sin lápidas cuando mueren
y si es por tener tampoco hay flores
que recuerden que alguna vez
iluminaron el espacio luchando por
separar el dolor
diferente de las espinas y espadas.

Caen en forma de esferas y de fugaz
no tienen nada,
nadie pide un deseo al mirarlas, son
como los olvidos aprendidos
por los corazones ya no sienten nada.

Se extinguen dentro de las almas como
la mía o la tuya y
por un momento efímero
sentimos que la vida tiene
sentido, y su impacto es como la
memoria de un beso robado entre la
noche y el alba,

son relámpagos sin lluvias, una mitad
de una mitad
que siempre es mucho mejor que nada

y nos hace sentir que estar vivos no es
tan malo porque cuando nos dormimos
siempre esperamos
despertar de nuevo otra mañana.

Ruben Mangiagli.



Historias de una pandemia 35 ( Covid 19)


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Otro domingo de quietud en Valencia, una nueva realidad que se impone a la antigua, pero siguen los temores, a una enfermedad, a la crisis en los hogares y empresas, y que si esto pasará o no y si cambiaremos o no. La incertidumbre del futuro y el vivir día a día cómo moneda única.


Matiz.


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Oscuro,
luces,
tal vez yo,
o no.
Puede
me quieras,
sin
palabras
inventadas,
o quizá
no,
el amor es
o no es,
sin
vueltas,
sin
rectas, es
caricias,
luz y
oscuridad
y lo
demás,
nada.

Ruben Mangiagli.




335


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En un sueño uno aspira a lo máximo, aunque a veces se acabe el tiempo y no se saque nada, como en la puta vida.

Espontáneo.


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¿ por qué escribo mal cuando te encuentro?
¿Qué pasa con mi sinapsis?
¿ Con mis manos ?
Es como si no pudiera retener el amor
y se me escapa de entre mis dedos,
como las cuentas de un rosario que
reza una señora encerrada en su cuarto,
lejos de otros,
lejos de ella misma,
de su propia Fe de antaño
y se hacen palabras ilegibles
que casi no expresan la llegada de un
anochecer en esta tarde donde te extraño.

Ruben Mangiagli.


¿ Y por qué no ?


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Viernes,
un vaso de licor, tabaco
y un café se enfrió,

quizá puedas
impregnarme con tu arte,
pintarme

los sentimientos
las manos,
y el corazón,

darme un beso de colores
para que aprenda
tu sabor,

al final, siempre la
imaginación cumple su rol.

Viernes, y ¿y por qué no ?

Ruben Mangiagli


334


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La verdad es que me gusta esperar cuando creo que lo que espero va a venir. Si lo miras bien, es el tiempo más agradable y el mejor empleado de todos.

Ábrelo.


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Abre mi corazón,
de izquierda a derecha
aunque todavía respire, ábrelo

y
por más
sienta me muera
de dolor mira, míralo,

y te darás cuenta
que no está vacío aunque lo
parezca, no,

porque en él todo
el espacio que hay es solo
para este
amor.

Lo que vivimos
ya fue, ya nos pasó,
son memorias que el viento
llevó,

Nuestro otoño
es este, nos toca, afuera
brilla el sol.

Ahora cierra
mi corazón, ciérralo y te
aseguro cuidaré
el tuyo,

sientas lo que sientas

porque el mío latirá por los dos.

Ruben Mangiagli.

346


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Nunca le había prestado atención a la puntualidad hasta que llegué tarde a tu vida.




Cuatro.


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Ella tan triángulo,
yo tan recta,
y la geometría se hace letras,

las palabras suspiros,
la noche breve y eterna
hasta que la muerte
súbita llega,

una, dos, tres a medias
pero al rato se hace
completa

y me pregunto
casi entre sueños

¿cuantas veces se puede
morir entre dos piernas?

mientras ella me susurra,
amor, todavía sigo despierta

y sin creer en nada
encomiendo mi cuerpo y

alma a los dioses
por si me toca conocer la
vida eterna.

Ruben Mangiagli


333


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A veces solo se trata de jugar bien una mala mano.


Beso y palabras.


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Me conmueven los labios de una mujer, desnudos cuando se aproximan para besar, se desvisten de todo, de las palabras, del tiempo y hasta del aire que necesitan para respirar.


Padres.


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En memoria de mis padres, Carlos y Delia

La muerte no se lo lleva todo. Los buenos recuerdos quedan y viven en la continuidad de uno.




Cuando las flores hablan.


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Y le escribo a ella.
Un poema tras otro.
Sobre lo conocido y lo ignorado,
sobre flores de citronelas
de perfumes lilas y calendarios,
de distancias inalcanzables
y caricias cercanas,
esas que no tocan piel
sino las almas,
También de la verdad sin años,
el amor y un deseo.
Es un forma de diálogo
donde las letras
se leen sobre las palmas
de las manos,
como el anunciamiento de un
destino de besos
jamás soñados.

Ruben Mangiagli



El beso.


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No nos veíamos de verdad
pero nos mirábamos todo el tiempo.
como si cada minuto tuviera nombre o una parte de nosotros,

No nos tocábamos de verdad
pero nos buscamos casi sin querer como si pudiéramos evitarlo.

Apenas nos dijimos nada, resumimos historias en una brevedad.

Sus ojos demasiado grandes en la piel de porcelana quemada, y esa manera de sonreír que superaba la visión de cientos de polaroids instantáneas.

Sus labios... sus labios que dejaban escapar palabras mientras yo quería atraparlos,

en un cataclismo disfrazado de beso
más poderoso que un ejército de rayos.

Fue un beso con muchos años.
Impacto de luz de luna, mientras casi todos nos miraban al pasar.

Un beso, el beso, todos los besos juntos en un beso que no quería terminar.

El mejor beso de todos, ese que sabes no vas a olvidar mientras

la vida sea vida y nada importe ya, solo ese momento,
mientras la tierra giraba para el mundo vulgar,

menos para dos amantes que lograron escribir en un instante
lo que es un amor para ahora, para siempre, para jamás.

Ruben Mangiagli




Historias de una pandemia 34 ( Covid 19)


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Algo tan común que en algún momento se vuelve extraordinario, dos personas sentadas en el banco frente a mi casa, valoremos los instantes vamos ganando.


De cuentos y aciertos.


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Porque no todas las "Alicias"
encontraron
un conejo blanco,
cayeron en un agujero,
jugaron con los espejos.

Porque no todos los príncipes
despertaron a doncellas de sueños,
y nunca hay un amor igual que
en los cuentos.

Los sentimientos no tienen distancia
ni preguntas ni peros
solo nacen un día de primavera
y otoño en otro hemisferio

y hay que jugar un número a pleno
el que arriesga a veces pierde
pero si gana
ese es otro cuento...
que se jugará entre sábanas blancas
licor y besos.

Ruben Mangiagli




Auto retrato de palabras.


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Tengo el rostro marcado por mi historia,
hay surcos continuos de alegrías
y penas
en las comisuras mi de boca

que se ocultan tras la barba,
un poco por muy mías otro poco porque
son privadas.

Bajo mis ojos,
los años marcan sus calendarios con
anillas que parecen los dibujos de un árbol
que nunca fue
talado,

tengo un sentimiento contradictorio con
ello, no quisiera tenerlas
pero las respetos,
son las memorias de mis tantos desvelos.

Creo la melancolía de mi mirada
viene de mis ancestros,
de inmigraciones a nuevos mundos y mi
regreso cercano a las tierras
de donde partieron,

De mis labios no quiero escribir,
porque todo se resume
a los besos dieron ,
a los placeros obtenidos en noches de
calor sin fuego,

Algunas dirán soy guapo, otras
vulgarmente feo,

pero yo me miro muy poco en los espejos,
porque mis luces y sombras
cambian siempre mi reflejo.

Sólo
soy un hombre maduro y sus recuerdos,
un café frío,
un cigarro fumado que se quema por
completo

cuando escribo poesías que pocos leen
y que se borrarán
de las páginas un poco por descuido y
otro tanto por el tiempo.

Ruben Mangiagli