El Universo de cerca.


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Ella se merece el Universo
porque tiene cometas en el cabello,

sus lunares son como
estrellas forman constelaciones de
forma indefinida

y hacen un mapa del cielo,

van desde sus pechos y

bajan y bajan,

rodean su cadera y terminan en
sus piernas,

pero no,

suben y suben

por su espalda y brillan en su cara.

Sus manos son los de una maestra
que a veces se

hacen de Geisha
y otras la de una jineta intrépida.

De la Tierra tiene
sus ojos que se llenan de un verde
de olor a campo mezclado
con praderas.

La luna tiene sus labios,
unos se hacen sonrisas y otros su
cara oculta que dificilmente
muestra.

Ella se merece el Universo porque
lo lleva consigo
aunque no lo
sepa.

Se merece todo, pero hoy me eligió
a mí,

y eso me gusta y me desconcierta

porque yo
solo soy el vacío que la contempla,

a veces desde tan tan lejos y otras
toco su alma de mujer para
quedarme en ella.

Ruben Mangiagli


Elección.


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No toda jaula es un encierro,
no toda puerta abierta es ser libre,
elegimos donde quedarnos
porque eso es la libertad.

Ruben Mangiagli.


Único fin.


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No sé si recordarte es un acto de desesperación o elegancia en un mundo donde al fin el único sacramento no escrito que nos negamos a cumplir ha llegado a ser el de enamorarnos.

Micro relato ilustrado.


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Yo con 5 años...sangre de ganador

Mi papá : Ahí viene la nena que te gusta. Actúa naturalmente.

Yo : Siiii papi !


Dolor y sonrisas.


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No hay genero para el dolor,
ni credo ni Fe,
es una herencia que supera
la propia historia,

somos humanos cubiertos
de incertidumbres
fugaces que calman una
razón sin razón,

y aún así lo intentamos eso
de ser felices
sonreímos, seguimos por
las dudas,

no vaya a ser que el amor y
la felicidad
no sean solo una utopía de
los cuentos,

esos de los nunca jamás y
a veces
y no por casualidad calman
nuestra soledad.

Ruben Mangiagli 


Entre miedos.


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Escribir un poema
que encierre un libro
donde las palabras

tengan otras palabras
sin condiciones

que nos partan al medio
para no poder escapar,

y arrinconados
entre lo que digamos y el que dirán
besarnos.

y que

mil cajas de Pandora
abismadas unas
dentro de las otras

se abran a la vez

para que nuestros miedos
atemoricen
a los de otros

y nadie nos pueda mirar.

Ruben Mangiagli.


Modernidad.


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Ya casi nadie puede ver los ojos de otros,
intuir una mirada,
todos parecen abatidos
aunque no lo están.
Algunos les sonrien a las baldosas,
otros ni siquiera eso,
llevan las cabezas tan bajas
que nada se puede adivinar.
Perdemos la humanidad
en cuotas frente a un celular.
Todo ha cambiado,
caminamos en soledad.

Ruben Mangiagli 


Secretos


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Un vaso de cerveza,
una piedra,
una nube,
la sonrisa de un niño
el secreto de su mirada, sus ojos verdes
y el milagro increíble
de sentir
estoy vivo
otra vez.

Ruben Mangiagli


Vendado.


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Un poeta, un obrero,
o un anciano,
no importa la condición,
aún puede ver con los ojos vendados
a ese amor de joven,
sí ese amor,
el primero que le dejo una
cicatriz en el corazón
que sin querer
recuerda un día sin ningún motivo
y ninguna razón.

Ruben Mangiagli 


Contrato.


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Ella no había leído la letra pequeña del contrato de amor que le habían jurado.

Soledad.


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Las sanguijuelas hicieron un
tapiz sobre mi piel,
llegaron a los huesos y se
fueron cansadas
de comer.

El tiempo se hizo a sí mismo
otro tiempo
para tener lugar para lo que
nunca fue.

La memoria se quedó vacía
sin ningún año
que sienta por un instante
la necesidad de
volver,

y me quedé tan solo que si
me miro al espejo
ni siquiera mi reflejo
puedo ver.

Ruben Mangiagli


Injusto.


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Nunca debí escuchar a mis fantasmas,
mis deseos,
al fracaso de mis sueños
que enquistaron en mis manos y
alojaron en mi pecho
la absurda
pasión por las palabras escritas en las
hojas mismas del viento.

Nunca debí salvarte una y mil veces,
descolgar sogas
que nunca llegaron
a tu suelo.

El suicidio acordado es solo un invento
porque uno
siempre muere primero
y el otro
tiene un minuto
para esa única lagrima de duelo que
sin caer se hace verso.

Ruben Mangiagli


Papeles rojos


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Cercana a mis ojos tus cabellos cubiertos sobre la frente en una fotografía , vos luz nueva, absortas y enrojeces mis papeles.


Te quiero a vos.


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Ese vos tan mío,
tan de mi lengua
que me identifica y me eleva.
Un vos en un sentimiento
que puede ser mio,
tuyo,
o de los dos.
Un vos que puede ser
un comienzo,
un adios,
o un te quiero que
termine con un pronombre "vos"
y que nace como una
flor imposible
desde un solo punto
dentro de un corazón.
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Ruben Mangiagli


Fui yo.


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Yo la maté,
fue una mañana de lunes,
poco después del amanecer,

solo le disparé
cinco balas de un calibre 38
y una me la guardé

y no me pregunten porqué,
no lo sé.

Apunté bien,
le di a sus libros, a sus discos
y a su recuerdo

de un recuerdo
por la que había sido una vez,

ella no estaba muerta,
no estaba viva,
no estaba en ningún lugar.

Los pájaros
volaron espantados y casi
simultaneamente comenzó a
llover,

El cementerio
del Pilar se quedó tan vacío
que ni el silencio
podia albergar,

el guardia,
el uníco testigo que había
en el lugar

corrió hacia
mí, y al reconocerme en mis
ojos nublados
también comenzó a llorar.

Le dije
parado frente a la tumba
vacía de cuerpo
y llena de dolor,

“ Fui yo”

la tenía que matar
para que mis padres
que murieron buscándola

estén donde estén
ellos la puedan encontrar

y que los tres al fin puedan
descansar

rodeados de los que tampoco
volvieron y nadie sabe
donde están.

Ruben Mangiagli

( Alejandra “desapareció” una tarde de marzo de 1977 en manos de la dictadura militar argentina, estaba en primer año de Filosofía
y Letras, nunca más se supo de ella )