Fugaz amor eterno
que se refugia
en la difusa memoria
del que recuerda,
como si perdonar
permìtíera olvidar
lo que nos empeñamos
en no dejar,
porque quedarse
vacío es el gran temor
de los que no pueden
dejar de amar
mientras la vida se va
y los relojes
van para atrás,
hacia nunca,
para jamás,
llevándonos siempre
tarde a cualquier lado y
a ningún lugar.
Ruben Mangiagli
Ningún lugar.
.
Réquiem.
.
Amor a todas luces imposible y no obstante resuelto a respirar.
Amor por amar esperando todo, nada, más.
Ritual y réquiem
de un hombre que ha querido mucho
pero ya no recuerda como amar y
un olvido demasiado olvido
que no puede recordar.
Redundante.
Retrogrado.
Reiterativo,
Amor solo, de un adiós no dicho,
tan impúdico
que de él nadie se atreve ya a hablar,
porque el amor muerto no muere,
pero tampoco puede revivir,
ni descansar en paz.
Sombra partida.
.
Tengo la terrible sensación de un ocaso,
cómo un preludio de sinfonías
mudas encubiertas en una
noche negra,
es sentir las manos gastadas
y que las letras no formen abecedario
alguno,
la carencia de una lengua,
la expresión que se escribe por la izquierda,
un romanticismo perdido de
los poetas
en libros sin nombres
ni paginas marcadas
con lecturas viejas,
Mientras, sin darme casi cuenta, camino las
calles y no
entiendo porque mi sombra
me sigue partida
justo en el medio de las costillas
por donde mi corazón
se perdío en una
ausencia que no sabe se extravío en los
parpados cerrados de tus
ojos que ya no me esperan.
Ruben Mangiagli
©2017
Hadas y duendes.
.
Puede que las hadas existan,
aunque no la podamos ver,
y que tengan algo de vos,
quiza los duende malos existan,
y no los podamos evitar,
que sean como el tiempo
dejamos escapar.
Pueden ser tantas cosas que ya
no sé que pensar,
o solamente sea que no puedo
encontrar
ninguna manera de olvidar.
Ruben Mangiagli
©2017
Lluvia sin soledad.
.
Afuera la lluvia comienza de nuevo,
como si fuera un ritual,
así que no debemos llorar,
el agua siempre llega al mar,
todavía podemos soñar, cerrar
los ojos y mirar
en las horas que olvidamos
en algún lugar.
Imagina un rincón, en casa, que
puedas recordar y sientéme,
una habitación, la que quieras,
con las ventanas cerradas,
las puertas aunque tenga
llaves se podrán abrir
fingiendo la felicidad que un
día dejamos escapar.
Las historias de amor se hacen
viejas, como nosotros,
y a los amantes que no se
tuvieron el tiempo
los envejece sin pensar en
lo que hubo y no será,
no se puede evitar,
pero podemos respirar, y en
el corazón recordar un
latido que no pudimos
olvidar,
deja que nos mezclemos en
las estaciones, para que
los calendarios no tengan
nombres,
abrázame como si tus manos
pudieran hablar,
que los silencios se callen y
no puedan gritar,
todo en ese instante se puede
perdonar, y con el viento
encontrarnos
y ya no estar solos nunca más.
Ruben Mangiagli.
Ella me enseño dos cosas:
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Té:
Tres minutos y medio de infusión. Más, queda agrio, meno s, queda insípido. Todos los detalles tienen siempre su importancia, me dijo, nunca lo olvides si estás conmigo.
219.
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... porque en ese espacio que llamo mi alma, si la apuñalan sangraría su nombre y aún no sé porqué...
¿Cuánto tiempo puede llevar el darse cuenta que ese es el amor de tu vida?
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Conjuro.
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Perejil, salvia, romero y tomillo.
Un poco de sueños,
algo de suerte,
un deseo,
y si todo sale bien,
volver a empezar
de nuevo.
El amor.
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Así.
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Conocerla fue como emerger del mar y respirar, como nacer y hacerlo por primera vez, doloroso, desconocido, pero imprescindible.
Inmenso mar.
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La ausencia de una sonrisa.
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Una de las cosas que siempre me costó es tener que renunciar a reírme en compañía de ella, después de casi una vida ( la mía ) había encontrado con quién hacerlo por todo o por nada y convertido en incondicional de su sonrisa.
Bajo nuestra propia oscuridad.
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Bajo nuestra ropa tras puertas que permanecen cerradas todos tenemos deseos ocultos que nos impulsan , deseos que pueden ser primarios, oscuros, profundamente vergonzantes. Cuando más observas a alguien, más te das cuenta de que en realidad nunca somos quienes decimos ser. De hecho, escondido en los más recóndito, siempre hay algún secreto, que nos enseña podríamos ser otra persona diferente a quien nos habita interiormente.
218.
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Estoy convencido que nunca hay que dejar entrar a nadie en la vida de uno, ni un solo día, a menos que se esté dispuesto a que se quede para siempre.
Desde las estrellas.
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Abrazarla desde las estrellas de la misma noche, con fuerza, con la confianza con que se abraza a alguien esperado de los viejos tiempos imperfectos pero menos tristes, en los que aún estábamos cuantos teníamos que estar.





















