La mirada de mi padre.


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Esa mirada,
las miradas,
todas tus miradas,

la de amor cuando llegabas de trabajar
y después de la cena me subías
a tu regazo sin protestar,

tus ojos que veían volar el primer barrilete
que armamos un domingo
y me decías , “mira negro
ni las nubes lo pueden parar”.

El reflejo de tu ira cuando llené de barro
el portal de la vecina por
no devolverme mi pelota preferida
que me regalaste una Navidad.

Tus consejos que me dabas sin casi
parpadear, “sé siempre
un hombre,
más aún en la adversidad”.

Tu abrazo largo mirándome
cuando terminó una guerra absurda
lleno de piedad.

La cubierta de lagrimas, la única vez
te vi llorar, cuando estaba
tirado en la camilla de un hospital destrozado
por un accidente
que luego jamas queríamos recordar,

Esa, con destellos de felicidad
cuando te dije que yo iba a ser padre y nos
emborrachamos para festejar.

Y la última tres días antes te vayas,
con suerte a un lugar mejor, ese lugar
que esperamos estén
las personas amamos de verdad,

y me dijiste mirándome con tus
ojos marrones mezcla de tierra
dura y de bondad,

“se bueno, es lo único que importa de
verdad”.

No sé donde habrán quedado tus
recuerdos, pero algunos
de los míos están escritos acá,

y por cierto si pudiera verte de nuevo
aunque sea solo una vez más
solo te diría,

-Papá, te he extrañado todos los días
desde que no estás-.

Descansa en paz.

Ruben Mangiagli



Todo.


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A través del velo de mis ojos
aún siento las llamas que danzan en la hoguera
de mis recuerdos,
entre destellos sin tiempo
que cubre una noche con luciérnagas
de resplandores de lunas sin cielos,
son el ayer, los años, la vida,
la arena, el mar y el viento,
que traspasaron
la tierra de mis sueños,
esos que nunca se cumplieron.

Todo penetra al mismo tiempo en mi mente, a una velocidad lacerante, de vértigo.

Todo es al fin hermoso, lo malo y lo bueno.

Todo lo que ha sucedido es violentamente bello,
como la locura que reina
en lo que hago
cuando esta ceguera de sentimientos
abruma mis manos
de ausencias sin duelos,
de amores que nunca lo fueron,
mientras mis pasos me alejan
de mi sombra que es de
carne y huesos.

Ruben Mangiagli.



Estoy en mi mejor edad.


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Suficientemente viejo para saber que es lo mejor.
Suficientemente joven para que algunas cosas no me importen.
Suficientemente experimentado para hacerlo bien.


RM



Eternidad.


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En la eternidad es donde no existe el tiempo.
Nada puede crecer. Nada puede ser. Nada cambia.
Así que, la muerte creó el tiempo para hacer crecer las cosas que mataría.

Pero por extraño que sea, volvemos a nacer.

Pero en la misma vida en la que uno siempre ha nacido.

¿Cuántas veces hemos dicho lo mismo?
¿ Cuántas veces amamos y dañamos a la misma persona?
¿ Cuántas veces nos enfermamos de lo mismo y nos curamos?
Quién sabe.

Hasta que un día no sanas y te mueres, o se muere o pierdes alguien que quieres con toda tu alma y sigues vivo pero ya no es la misma vida.

Lo que no sabemos es que no podemos recordar esas vidas
No podemos cambiar las vidas.

Y ese es el terrible secreto y destino de todos.
Estamos atrapados en una pesadilla en la que seguimos despertando.



28.


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Amor 
empedrado de tierra,

de agua que perfora la memoria
en círculos cerrados.

Amor
suicida por el resto de mis días

añejo de melodías,

carente de poesía,

lisiado en la misma melancolía.

Amor
de noches sin días,

corona de espinas que lastima,

cansado de sangrías,

de historias infinitas,

sin estrellas, sin luna, sin gatos,

Amor
por el amor mismo,

que se mata con cada palabra

y me arrastra

al momento exacto donde nunca
me has querido.

Ruben Mangiagli.



Amé.


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Amé, es verdad,
de diferentes formas,
cercanas al placer,
caminando por el infierno sin arder.

Amé a muchas mujeres, es verdad,
desde la entrega más
profunda

entre la literatura de las palabras que
se hacían caricias hasta
el amanecer,

pero de todas a la que más amé

fuiste tú,
la que me abrió un nuevo mundo
pero no me quiso

lo suficiente para quedarse conmigo él.

Ruben Mangiagli.


Vacíame.


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Quita todo,
el sabor de tus besos,
el recuerdo de los momentos,
las caricias que dejaron memorias en mi piel,
la palabra dicha, escrita, susurrada en la oscuridad,
lo vivido y lo soñado,
lo que fue y lo que nunca sucedió,
los para siempre,
tus jamás, los tal vez y el quizá,

Llévate todo,
las fotos, por si tu sonrisa me puede volver a atrapar,
los cuentos, las historias, y la poesía
que guardábamos en el desván,
tus motivos y los míos,
los suspiros y los latidos.

Vacíame,
porque si te vas, yo no quiero que vuelvas,

para que el siempre sea siempre
y el nunca jamás.

Ruben Mangiagli.


Siete motivos.


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Mujeres.
Motos.
Licor.
Arte.
Poesía.
Lectura.
Vos.
Aunque el orden de los factores no altera el producto,
yo.

Ruben Mangiagli.



Políticos.


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A quien , a quienes les hablan?

A los saqueadores o las saqueados ?

A las victimas asesinadas, quizá,

pero están muertas, ya no escuchan,
puede que a los inmigrantes ahogados
en el Mediterráneo,

o a los que esperan tras un muro que
del otro lado haya un nuevo mundo,

pero si pasan serán desterrados.

Puede que a los que en nombre de
formar un país destruyen otro, esos
ignorantes que no se dan
cuenta que es el suyo propio.

La derecha es extrema, la izquierda obsoleta.

El feminismo es igual de malo que el machismo
pero claro, queda mal decirlo.

Quizá sea a los dictadores o los paganos,
al cadáver de Franco,
a las abuelas de Plaza de Mayo.

A todos los ricos que tienen nombre o a los
olvidados sin identidad que son
tan pobres que valen solo para un
voto,

que después sera anulado por las leyes de
algún Senado para crear

nuevos millonarios.

A quien , a quienes le hablan los políticos ?

A muchos, puede, pero a mí no,
simplemente,
me dan asco.



Ruben Mangiagli.

Insania.


.


La noche solo es noche,
pero si te envuelve y no te deja respirar
es otra cosa
que no sabes el nombre
pero también está llena de sombras de
profundad oscuridad,

Sueño o realidad ?
esa es la pregunta que no sabes contestar,
estas dormido pero
no duermes de verdad

o acaso estas siempre despierto pero no
sueñas lo que puedes recordar,
miras algo que es conocido,
una referencia,
una foto,
recuerdos que no puedas enfocar pero y

si nada es real ?
solo intangibles que nunca
pudiste tocar,
las respuestas son preguntas
que nadie va a contestar,

y te miras al espejo al despertar,
te pareces a alguien vagamente que
conoces desde el primer
momento que pudiste respirar,

pronuncias un nombre, pero nadie responde
puede que sea el tuyo quizá,

el miedo paraliza el reflejo de ese
rostro que ves,
y entiendes lo que es tener miedo de verdad,

porque la locura tiene mil caras
y algunas otras más, pero hoy tiene la tuya,

y nada ni nadie ya lo puede evitar.

Ruben Mangiagli

249.


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He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro en las manos.


Y de repente me doy cuenta de qué es lo que quiero.


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Quiero una mujer que me revuelva,
quiero que mueva mis cosas,
quiero que me mire, me aparte y desarme.
Que saque todo afuera de las cajas donde escondo mi vida,
que camine y sonría,
que me cambie de lugar sin cambiarme,
y si quiere quedarse que se quede sin que se lo pida,
que se vea en el espejo sin miedos
para que yo no vea los míos
y si tiene que decir te quiero, que sea
hoy, ahora,
porque mañana, a veces,
es demasiado lejos.

Ruben Mangiagli.



Tormenta


.

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Ella llegó del país de los meteoros,
el de las tragedias
que te alcanzan cuando aún
ni siquiera llegaste
a la mitad de tu vida,

de las conmociones,
las catástrofes,
y de los estragos.

De los libros de las invenciones,
donde uno se inventa
a si mismo porque
necesita la fuerza que
no está
escrita para ningún destino y,

donde las agujas se caen desde
los relojes cuando
el tiempo no alcanza para
que los justo sea
justicia,

Pero yo la quiero en mis días,
en los rincones
que me quedan de vida,
en los ratos que ella
tenga

para quererla, para que me
quiera si lo desea,
y para estar cuando necesite
un abrazo con gusto
a luna nueva.

Ruben Mangiagli.



A veces!


.



A veces, y casi todas, soy una historia en las mujeres
que quise que pocas se atreven a contar.

Otras, una memoria, un deseo perenne que ninguna
puede olvidar,

Y a veces soy como un barco cautivo a las amarras,
que el viento arranca milagrosamente del ancla hacia
la tempestad

de un nuevo amor, otra memoria, de otra soledad.

Ruben Mangiagli.


Sin adverbios.


.



Sabes que te quiero,
con todos los verbos y la carencia
absoluta de adverbios.
No importa cuanto.
donde,
aquí, allá, cerca, lejos,
tampoco
de antes o después, todavía,
bien o mal,
si siempre o desde un jamás,
con mi acaso,
con tu quizás.
Te quiero desde el primer beso
en el medio de los demás,
y más aún en que te debo
cuando nos encontremos
de nuevo,
un poco lejos del ahora
un poco cerca de seguro llegará.

Ruben Mangiagli


254.


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Confía siempre en la magia de los nuevos comienzos.



Visiones.


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He visto los ángeles caer del cielo
sin tocar el suelo
queriendo llegar al infierno,

a los mejores escritores sucumbir
a la tentación del halago

como si la eternidad de sus
propias palabras no les alcanzara,

las calles con vagabundos ricos y
perdidos sin tener donde ir,

a los que no tenían que pedir perdón
hacerlo,
y los aborrecibles festejarlo

mientras los censores cortaban
párrafos para no ofender a
Dios,

caminar a los ignorantes como si el
desconocimiento del dolor tuviera
buen sabor,

y me he visto a mi mismo en un poema
de amor aborrecido sin razón.

A veces creo que he mirado todo lo que
hay a mi alrededor,

pero no, sigo buscando en los rincones de
las esquinas de la noche,

en libros aun no escritos, en el tiempo
que se consume con una
copa de licor,

a esa mujer que calme la locura de
de mi corazón

viejo, roto, partido en dos, con solo una

mirada de verde tierra que borre el
pasado que me atrapa

en esta melancolía de desconciertos de
cuerpos me abrazan sin amor.

Ruben Mangiagli


Vísperas.


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Camino por una calle cualquiera,
es vísperas de otra Navidad,

tiempo de amor ...

los crucificados pasan a mi lado
invisibles para los demás,

otros aún llevan su cruz , como
si fuera un ritual

de compras para poder mentir
y desear felicidad,

las luces iluminan la ciudad de
colores no son de verdad,

todos mirando su teléfono para
ver si hay saludos y

si su foto en Instagram alcanzó
por fin el millar,

Unos jóvenes pintan en un muro
“ lo mejor está por venir”

tiempo de paz...

mientras las noticias cuentan en
una televisión

que los que creen en un Dios han
vuelto a matar,

a mi lado una anciana lleva vacía
su bolsa de pan

otro día que no sabe si por la
noche cenará,

mientras el cartero lleva miles
de tarjetas que no llegaran,

Sigo caminando y a los lejos unos
niños cantan

Feliz Nochebuena, Feliz Navidad.


Ruben Mangiagli.


Un día.


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Hay un día para los amores que no fueron,
los imposibles que se hicieron sueños.

los perdidos entre lagrimas que solo se ven
en el corazón,

Un día para los olvidos de uno que no nunca
serán de dos,

para tomar otra mano y que nos vuelvan a
enseñar a caminar,

para probar el sabor de otros labios sin pensar
en lo que dirán,

Un día para decir basta, para despertar,

para mirar otros ojos que nos reflejen una
vez más.

Un día para volverse a enamorar,

marcado en un calendario personal que a veces
pensamos nunca llegará,

pero llega, nada ni nadie lo puede evitar.

Así que respira, sonríe, vuelve a soñar,
la vida son cuatro días nada más,

no pierdas uno en quien jamás te querrá,

en quien no tendrás,

en que te cambió y se perdió lo mejor de vos,

porque para amar hay que amarse,
aunque la soledad pese, intenta olvidar y
formar nuevos recuerdos,

esos que son buenos, pero buenos de verdad.



Ruben Mangiagli.


Poema abierto.


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He sentido mi pecho inútil,
el olvido de los olvidos
disueltos en el café

de los inviernos,

las letras adormecidas por
el dolor sin analgésico
de estrofas que
nunca fueron soneto.

He respirado sin costillas
con mi corazón expuesto
hecho añicos

por amores de otros tiempos,

hasta que una noche sin
esperarlo tus besos
devolvieron a su sitio

mis equívocos no resueltos

y sentí de nuevo las venas
de mi hombría,
que deshacían viejos deseos

mientras mis manos
aprendían

de memoria cada instante
de tu cuerpo.

Ruben Mangiagli.