Injusto.


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Nunca debí escuchar a mis fantasmas,
mis deseos,
al fracaso de mis sueños
que enquistaron en mis manos y
alojaron en mi pecho
la absurda
pasión por las palabras escritas en las
hojas mismas del viento.

Nunca debí salvarte una y mil veces,
descolgar sogas
que nunca llegaron
a tu suelo.

El suicidio acordado es solo un invento
porque uno
siempre muere primero
y el otro
tiene un minuto
para esa única lagrima de duelo que
sin caer se hace verso.

Ruben Mangiagli


Papeles rojos


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Cercana a mis ojos tus cabellos cubiertos sobre la frente en una fotografía , vos luz nueva, absortas y enrojeces mis papeles.


Te quiero a vos.


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Ese vos tan mío,
tan de mi lengua
que me identifica y me eleva.
Un vos en un sentimiento
que puede ser mio,
tuyo,
o de los dos.
Un vos que puede ser
un comienzo,
un adios,
o un te quiero que
termine con un pronombre "vos"
y que nace como una
flor imposible
desde un solo punto
dentro de un corazón.
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Ruben Mangiagli


Fui yo.


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Yo la maté,
fue una mañana de lunes,
poco después del amanecer,

solo le disparé
cinco balas de un calibre 38
y una me la guardé

y no me pregunten porqué,
no lo sé.

Apunté bien,
le di a sus libros, a sus discos
y a su recuerdo

de un recuerdo
por la que había sido una vez,

ella no estaba muerta,
no estaba viva,
no estaba en ningún lugar.

Los pájaros
volaron espantados y casi
simultaneamente comenzó a
llover,

El cementerio
del Pilar se quedó tan vacío
que ni el silencio
podia albergar,

el guardia,
el uníco testigo que había
en el lugar

corrió hacia
mí, y al reconocerme en mis
ojos nublados
también comenzó a llorar.

Le dije
parado frente a la tumba
vacía de cuerpo
y llena de dolor,

“ Fui yo”

la tenía que matar
para que mis padres
que murieron buscándola

estén donde estén
ellos la puedan encontrar

y que los tres al fin puedan
descansar

rodeados de los que tampoco
volvieron y nadie sabe
donde están.

Ruben Mangiagli

( Alejandra “desapareció” una tarde de marzo de 1977 en manos de la dictadura militar argentina, estaba en primer año de Filosofía
y Letras, nunca más se supo de ella )


Horizonte


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Hay un horizonte desde
la visión de
tus piernas,

puede que sea bonito es
verdad,

con luces que de noche
sean como
candilejas,

o una luna de día que es
inedita,

con jardines de violetas
que llenen los ojos
de belleza,

pero no, me quedo,

hoy prefiero recorrerte y
aprenderte

todo lo que pueda

infinitas veces de ida y vuelta.

Ruben Mangiagli


Antes del invierno.


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El amor es una estación,
una primavera con una mano en la ventana
que abres por la mitad
que te deja ver allá cosas nuevas y viejas,
algunas imaginadas
y otras que no miraste jamás,
es un suspiro
moviendo cuidadosamente una fracción de
flor para que puedas
respirar mejor un poco
de felicidad
antes del otoño que nunca
sabes que invierno
traerá,
mientras intentas escribir
una historia del mil hojas que no tengan ni
un solo punto final.

Ruben Mangiagli.


338


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A veces la esperanza es como tender la ropa al sol en una calle sin luz.

Cielo.


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El cielo no sueña,
no conoce el olor de una mujer
y sus suspiros,
no sabe de la voz del hombre y
sus abrazos,
desconoce el latido de los que
duermen juntos
por las noche
desde hace un día o mil años.
Pero llora,
y solo cada uno de nosotros y
nadie más
sabe los porqués.

Ruben Mangiagli


Párrafos.


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Recostándote en mis brazos
sobre
el sofá pienso que la vida no
es un
párrafo y la muerte no es ningún paréntesis
y
escribir no es para siempre
pero siempre es ahora,
un suspiro
breve que no tiene nombre, o sí, el tuyo.

Ruben Mangiagli.


Por si acaso.


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A veces marcamos un punto en el cielo,
por las dudas,
por si a caso,
por si alguien...

( foto cielo de Valencia, 17 de enero 13,15 hs )


Ayer, hoy.


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Toda mi vida me he considerado no normal, excepcional, a la vez maravilloso y monstruoso, lo cual no es inquietante cuando eres adolescente pero sí lo es a mi edad.

Luna.


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Luna llena,
Luna bella,
decorada de sueños y hojas
de algodón.
Luna blanca,
Luna sin Sol,
tan sola, como ella que la mira
y como yo que no.

Ruben Mangiagli


Mañana, lunes.


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Está semana que pasó tuve sensaciones un poco extrañas, casi como certezas, y una muy firme; que me iba a morir.
No soy de contar estos pensamientos, porque aunque soy extrovertido, no cuento publicamente estás ocurrencias.
Algunas cosas de salud, cansancio y problemas puede sean las causas me llevaron a creer eso. Es más una noche al acostarme, pensé, hasta aquí llegué, ya está, no me voy a despertar
Y fue ahí me puse pensar en las cosas me quedarían pendientes por hacer, desde las pequeñas a los sueños. Las cosas no dije, las que no escribí, las verdades a medias, los orgullos que construí y que no tenían razón de ser, los viajes, las promesas, y en lo que todavía mis hijos necesitan de mí.
Y me di cuenta que como siempre creí, no le tengo miedo a la muerte, sino a lo que no iba terminar, Pero desperté por la mañana, y no estuvo mal.
A veces, asomarnos al ablsmo de nuestras vidas sirve, Nos centra y nos damos cuenta que el tiempo se va, pero lo importante es lo que podemos hacer con el que nos queda, y usarlo bien, porque en definitiva cuanto menos cosas dejemos por hacer más fácil será la eternidad si es que existe y sino no importa, cuando llegue el día irnos en paz.
Mañana es lunes, un ibuprofeno, una cerveza y a continuar.


El deseo.


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El deseo no es lo que queremos, el deseo es un impulso, una simple atracción, una añoranza. Hay un universo infinito de cosas que deseamos; para muchos de nosotros: nuestra persona, el mundo, la gente, o la vida no son siempre "como desearíamos"; sin embargo, el querer algo tiene que ver con elegir entre lo que la persona, el mundo, la gente o la vida "es"... Para transformarse, para cambiar algo y mejorarlo, para amar algo o a alguien, hay que empezar por aceptarlo y asumirlo por lo que es. Por eso la importancia del "Conócete a ti mismo" porque es el único punto de partida de cualquier sueño verdadero y de que “locos” de mente clara y motivación propia, logren tantos imposibles. 

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 Porque la vida no es un párrafo y la muerte no es ningún paréntesis.



De. trenes.


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Mi vida parece ser un tren que se aleja llevándose lo que es mío, y yo mirando como se aleja impotente, incapaz de tenerlo, de detenerlo, de cambiarle el rumbo.
Es mentira que el tren vuelve a pasar, es algo que decimos para seguir adelante, pero no.
Los trenes no vuelven.


Plaza Roberto Arlt. ( Poema )


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Las plazas no tienen puertas
no sabes si la salida
es justo el lugar
por donde acabas de entrar,

son la democracia que llaman
a la igualdad,
los bancos son iguales
aunque los sepas diferenciar.

Pero el sol parte a la gente
justo por la mitad,
un lugar de sombra
y la otra para veranear unos

minutos que a veces sirven
para almorzar
y otras muchas horas para
poder pensar.

Las flores sí suelen cambiar
son a veces testigos
de un amor nuevo y otras las
juezas para terminar,

Todos te miran, pero nadie en
verdad te ve,
aunque sucede, una y
solo una vez,

que dos mirada se cruzan en
un para siempre o en un
nunca jamás,
como los cuentos que narran

las novelas baratas del kiosko
de la esquina entre
goles del domingo y revistas
del más allá.

Yo recuerdo la besé ahí por
besarla y apretar,
sin saber una cosa que no
aprendería

hasta muchos años después
cuando sentados en un
bar frente al cartel
decía Roberto Arlt

que las plazas, ninguna en
general tienen puertas
ni para salir ni
para entrar,

y son como el amor y un beso
al despertar,
vos decidís si querés quedarte
o te vas.

Y ni siquiera lo tuvimos que
pensar,

nos quedamos un rato, una
tarde, un café y una vida,
todas las estaciones y
un poco más.

Ruben Mangiagli.