Hay afuera una noche que resplandece
la languidez de una luna,
sombras de un desamor y un amor que
recorre las veredas solas
sin respuestas,
con pasos que van y no vuelven como
si la ausencia
pudiera detenerse a mirar quien pasa
y tu hermosura siempre, para siempre
que no se escapa
de mis letras que no encuentran dolor
que las contenga,
prodigas de recuerdos en gris, en negros
arcos que se parecen
a tus cejas, y tus ojos que miran quien
sabe a quien,
puede que a todos, a nadie, pero seguro
no a mi.
La ventana que se agranda como si el
tiempo pudiera
caber en ella y escapar en esta simple
melancolía sin más.
Ya no veo a nadie, todos se han ido a
saber donde,
un suave viento de pianos arrastra las
hojas de un otoño que
se queda quieto, sin meses, sin años y
sin manos,
mientras mi anhelo ancla mi espalda a
un poema
que no sabe terminar, que muere solo
en mi espera.
Ruben Mangiagli
©2017
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Ahí afuera.
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