Vísperas.


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Camino por una calle cualquiera,
es vísperas de otra Navidad,

tiempo de amor ...

los crucificados pasan a mi lado
invisibles para los demás,

otros aún llevan su cruz , como
si fuera un ritual

de compras para poder mentir
y desear felicidad,

las luces iluminan la ciudad de
colores no son de verdad,

todos mirando su teléfono para
ver si hay saludos y

si su foto en Instagram alcanzó
por fin el millar,

Unos jóvenes pintan en un muro
“ lo mejor está por venir”

tiempo de paz...

mientras las noticias cuentan en
una televisión

que los que creen en un Dios han
vuelto a matar,

a mi lado una anciana lleva vacía
su bolsa de pan

otro día que no sabe si por la
noche cenará,

mientras el cartero lleva miles
de tarjetas que no llegaran,

Sigo caminando y a los lejos unos
niños cantan

Feliz Nochebuena, Feliz Navidad.


Ruben Mangiagli.


Un día.


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Hay un día para los amores que no fueron,
los imposibles que se hicieron sueños.

los perdidos entre lagrimas que solo se ven
en el corazón,

Un día para los olvidos de uno que no nunca
serán de dos,

para tomar otra mano y que nos vuelvan a
enseñar a caminar,

para probar el sabor de otros labios sin pensar
en lo que dirán,

Un día para decir basta, para despertar,

para mirar otros ojos que nos reflejen una
vez más.

Un día para volverse a enamorar,

marcado en un calendario personal que a veces
pensamos nunca llegará,

pero llega, nada ni nadie lo puede evitar.

Así que respira, sonríe, vuelve a soñar,
la vida son cuatro días nada más,

no pierdas uno en quien jamás te querrá,

en quien no tendrás,

en que te cambió y se perdió lo mejor de vos,

porque para amar hay que amarse,
aunque la soledad pese, intenta olvidar y
formar nuevos recuerdos,

esos que son buenos, pero buenos de verdad.



Ruben Mangiagli.


Poema abierto.


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He sentido mi pecho inútil,
el olvido de los olvidos
disueltos en el café

de los inviernos,

las letras adormecidas por
el dolor sin analgésico
de estrofas que
nunca fueron soneto.

He respirado sin costillas
con mi corazón expuesto
hecho añicos

por amores de otros tiempos,

hasta que una noche sin
esperarlo tus besos
devolvieron a su sitio

mis equívocos no resueltos

y sentí de nuevo las venas
de mi hombría,
que deshacían viejos deseos

mientras mis manos
aprendían

de memoria cada instante
de tu cuerpo.

Ruben Mangiagli.


Seguir.


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Todos estamos solos,
rotos,
pegamos parte de otros en nosotros,

y sonreímos,
sanos,
locos,

e insanos nos volvemos a enamorar,

pensado,
sintiendo,
proyectando,

caemos y nos levantamos, sin saberlo

empezamos,
construimos,
esperamos,

somos mil mundos en uno, universo

multiverso,
verso,
vemos,

todos estamos vivos mientras sin

querer o queriendo
morimos,

pero vale la pena el intento porque

vivir
es
sobrevivir,

y reescribir a fuerza de golpes eso
otros
llaman
destino

aunque no sepamos donde ya ir.

Ruben Mangiagli.





Gracias.


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Me cuesta darme cuenta
de las cosas son importantes,
esas que se quedan en tu cuerpo
y solo hablan de verdad,
Me es difícil agradecer porque
siempre creo que todo me lo gané,
y lo que fui perdiendo se
quedó en un camino no volverá.
Pero, doy las gracias por las
noches se hicieron mañanas entre
risas, copas y placeres que
no voy a narrar,
Por los amigos que puedo abrazar.
los que estás cerca y los que
en la distancia también su
alma puedo tocar,
esos que hoy son familia, que
siempre estarán,
los escogidos en la absoluta
reciprocidad.
Por mis hijos incondicionales,
que no me eligieron como padre
y que nunca me dejaron solo
ni yo a ellos jamás.
Gracias a las mujeres me
quisieron a pesar de mí, a sus
besos que callaron mis palabras
y calmaron mi ansiedad.
y a esos poco sueños austeros
que se me cumplieron e
hicieron de la fantasía mi
simple realidad.

Ruben Mangiagli.

Ángeles y demonios.


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Algún día mis ángeles y demonios
harán una tregua,
se mirarán compasivos y alguno
dirá:
"anda...ve"
y quizá pueda comenzar a amarte.


Ruben Mangiagli


Verguenza.


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Nos avergonzamos por sentir,
por sentir por quien no deberíamos sentir.
Por desear.
Por lo que hacemos en la intimidad, o solos.
Por desear más.
Por coger poco.
Por coger mucho.
De nuestro pasado.
De los fracasos.
De fotos intimas.
Por callar.
Por decir.
Por amar con el alma.
Por calentarnos.
Por mentir.
Por decir la verdad.
De los miedos.
De nuestra edad.
Por tener.
Por querer tener.
Por no tener.

Y así vamos, con verdades y omisiones,
silencios
de cuatro estaciones,
entre pajas y cervezas,

mientras se nos va la vida, y nada nos queda.

Ruben Mangiagli.



Amor, amor.


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Hagamos el amor, amor,
de uno en uno
poniendo todo,
sumando para restar el dolor,

Querernos sin esperar nada,
con el cuerpo en caricias inéditas,
con las almas en las manos
para que se puedan tocar,

y que los besos sean palabras
de poesías por acabar
que jamas terminaran.

Hagamos del amor el amor,
por una vez
con lo mejor,
sin promesas de después
con sonrisas que no sean de ayer,

que el compendio de los días
solo sea un momento
y un instante
un puñado de realidad

y que los huesos se fundan
hasta que que casi no podamos respirar,
olvidarnos de pensar
para sentir todo y un poco más,

hagamos el amor, amor
y que después él nos haga a nosotros
sin tantos miedos a que
nos podamos enamorar.

Ruben Mangiagli.



Érase una vez un niño.


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Vivía en un pueblo que ya no existe, en una casa que ya no existe, al borde de un campo que ya no existe, en el que todo se descubría y todo era posible.
Un palo podía ser una espada. Una piedra podía ser un brillante. Un árbol, un castillo.
Érase una vez un niño que vivía en una casa que estaba al borde de un campo y, al otro lado del campo, vivía una niña que ya no existe. Los dos se inventaban mil juegos. Ella era la reina y él era el rey. A ella le brillaba el pelo al sol de otoño, como una corona. Recogían el mundo a pequeños puñados. Cuando el cielo oscurecía, se despedían, y tenían hojas enredadas en el pelo.
Érase una vez un niño que amaba a una niña, y la risa de ella era como una pregunta que él quería pasar la vida contestando.



253.


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Tanta estrategia y me haces Jaque Mate.


Arder en frío.


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Arde una letra, luego otra,
hasta que la palabra se hace fuego, sin calor,
fuego griego que quema
en una alquimia difícil de entender,

como si la nieve fuera río
y el agua solo un destino de duros caminos
hundidos que ya nadie
recuerda entre barro de olvidos.

Arde el deseo, de sudores
fríos, de caricias en entredichos de frases
que se susurran a un oído
en algún idioma harto desconocido,

mientras las manos mancas
de sentidos rememoran un cuerpo perdido
que alguna vez hace tanto
hemos querido con descuidos.

Es el amor del no amor que
se se ejecuta como sentencia de un placer
no concebido, no consentido,
huérfano, lleno de instintos,

que son solo momentos de
extraviados en alguna madrugada sola que
tiene un nombre propio fugaz
en la síntesis de lo efímero.

Ruben Mangiagli.



Desde mi alma.


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Que mi alma te abrace
a vos, a los que necesites que llegue,
aunque no haya remedio para lo irremediable,
por más el dolor sea más fuerte que todo el dolor
de la injusticia que no tiene explicación,

y la debilidad que abruma a todas las fuerzas
tenga tanto poder como para no poder más,
y tus lagrimas se cuenten ya si cuentas
y la risa sea solo una sonrisa,
una mueca para no abandonar,
no parar, no parar
aunque no puedas ya,
yo te abrazo en la soledad de las preguntas
que no tendrán respuestas jamás,
te abrazo con todo lo que tengo
aunque no sirva,
no cure,
no consuele,
no cambie nada,
yo te abrazo para que puedas seguir un poco más.

Ruben Mangiagli.

Sin palabras.


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A veces pienso que gasto todas mis palabras en un día,
y el silencio me puede,
me domina,
cierra mi garganta,

Se quedan los vocablos encerrados, como si la dignidad
sea solo oscuridad,
domina,
hasta el punto que extrañar,

solo sea posible cuando mil imagenes imaginarias sin
sonido se encadenan
entre el nunca
y tan tan cercanas al jamás.

Ruben Mangiagli.



243


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A veces estoy en el límite entre la genialidad y la locura, en la frontera de lo trivial y vulgar, entre el bien y el mal, la mentira y la verdad. Son tan tenues las diferencias.


A quien corresponda.


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Vienes y vas,
vas y vienes,
como si bailaras un vals,
tan mujer, tan buen andar,
que mis letras se quedan atrás,
tan lejos de describir tu belleza
y tan cerca de ti,
que si lees bien,
y te vuelves a mirar
hasta podrías sentir te pueden acariciar.

Ruben Mangiagli.



Memorias:


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Recuerdo cuando tenia 11 o 12 años, vivía en Quilmes, a 4 cuadras de mi casa, en un garage, ensayaban un grupo de rock, Vox Dei, yo me quedaba embobado escuchándolos, así años después , no muchos, yo hacia de "plomo" ( los que cargábamos los equipos y armábamos los escenarios ) del grupo con mi amigo Carlitos para poder entrar a las "Confiterías Bailables"donde tocaban ellos, claro eramos re menores, pero así podíamos entrar gratis a lugares donde había chicas más grandes, y eramos Gardel, o sentíamos eso jaja. Ese fue el comienzo de una época, de ir a recitales al Luna Park, Sui Generis, Pescado rabioso con Spinetta y terminar algún día viendo a un pibe en Ducilo que se llama Andres Calamaro cuando era el batero de los Abuelos de la Nada.
Hoy me doy cuenta que fui y viví unas de las mejores épocas de creación del Rock Nacional Argentino, fui una parte infidécimal de su historia, que también es mi historia...

Foto: Vox Dei




De mi lo que quieras.


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Quiero llenar tu vida de agitación y de mí.
Quiero tu felicidad por debajo de mi corazón
y que se arraigue entre mis costillas

y tus tristezas en mis ojos
que ya tiene las mías de mil generaciones
de mi familia.

para que sonrías, una, dos, las veces que
puedas,

y no te pido nada, ya no se pedir las cosas,
así que toma las partes de mi
que quieras, o no.

Ruben Mangiagli



Cicatrices.


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Tengo marcas, 
surcos en la piel,
cicatrices de peleas, golpes
que se pueden ver,
que son recuerdos de malos momentos que se curaron
y no van a volver.

Tambien tengo
cargas, mochilas
invisibles sobre mi espalda,
que a veces me arrastran
a lugares a los que no puedo jamas intentar llegar
ni regresar..

Pero dentro tengo
heridas que no se ven
que apenas alguien alguna vez pudo adivinar sin
querer, son entre el corazón
y las costillas,

en mi labios,
las manos,
en los espacios entre palabras, silencios largos de
soledades que nadie,
lo sé, jamas
escribirá.

Todavía me dueles, no puedo negar a la verdad.

Ruben Mangiagli.



El beso.


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No nos veíamos de verdad
pero nos mirábamos todo el tiempo.
como si cada minuto tuviera nombre o una parte de nosotros,

No nos tocábamos de verdad
pero nos buscamos casi sin querer como si pudiéramos evitarlo.

Apenas nos dijimos nada, resumimos historias en una brevedad.

Sus ojos demasiado grandes en la piel de porcelana quemada, y esa manera de sonreír que superaba la visión de cientos de polaroids instantáneas.

Sus labios... sus labios que dejaban escapar palabras mientras yo quería atraparlos,

en un cataclismo disfrazado de beso
más poderoso que un ejército de rayos.

Fue un beso con muchos años.
Impacto de luz de luna, mientras casi todos nos miraban al pasar.

Un beso, el beso, todos los besos juntos en un beso que no quería terminar.

El mejor beso de todos, ese que sabes no vas a olvidar mientras

la vida sea vida y nada importe ya, solo ese momento,
mientras la tierra giraba para el mundo vulgar,

menos para dos amantes que lograron escribir en un instante
lo que es un amor para ahora, para siempre, para jamás.

Ruben Mangiagli.


Sin querer, querernos.


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Quererte sin quererte,
sin formas.
sin nombres,
sin promesas,
con una espera, o dos,
y me quieras sin quererme,
porque sí y porque no,
y si es posible hoy,
porque la vida es una,
nosotros dos,
y uno más uno, es querida mía
la fórmula más
simple para el amor.

Ruben Mangiagli