La promesa.
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123,
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Y supongo que me di cuenta realmente cuanto la quería porque no había nada que perdonar, nada que ganar, todo estaba en contra, la distancia, el tiempo,las personas, la soledad de no poder dormir juntos, de despertar y que estuviéramos en la misma cama y no me importaba si algún día iba a poder a llegar a ella.
RM
Letras caídas.
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Se caen las letras del papel,
quedan alrededor
de una taza de café
cubiertas por el humo de un
cigarro como niebla
que se no
se despega de la mesa y se queda.
Puede que formen palabras,
pero no lo sé.
ya no entiendo el lenguaje
del amor,
no las veo, es como una
transgresión que no me permito,
la violación de
una situación,
la agresión a una promesa
de no escribirte, de decir lo
que siento en una
escala ordenada de versos
que quiebre
el silencio
desconociendo que existe el
tiempo, la distancias
y los desencuentros.
Debería matar al poeta,
ahogarlo en licor,
pero si lo hago ya no tendría
forma alguna de
tenerte
para envolverte en letras que
me aplastan el
corazón,
para romper este juramento
vano de no nombrarte
de no decirte que te extraño
antes que la noche
de tu olvido
me atrape mientras me quedo
tan indefenso contra
mi mismo
y me duerma entre preguntas
que rodean este
designio
de quererte tanto sin poder
decirtelo.
Ruben Mangiagli
©2016
Cuando sos invisible.
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Con vos.
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Me quedo con vos,
hay motivos varios, un montón,
pero si me pedís un detalle.
una mera descripción,
puede decirte que
los jazmines huelen mejor,
los girasoles ya no
siguen al sol
se quedan quietos
cumpliendo una promesa
de amor,
el vino y el licor ahora me
saben mejor,
llevan en ellos el preludio
del sabor de tus
besos
con un toque de antigua pasión,
el tiempo acelera su reloj como
pasa con los latidos
de mi corazón
cuando me miras entre palabras
que solo conocemos
los dos.
Sí, me quedo con vos,
la espontaneidad de mi hombría
lleva tu nombre
que se hace deseo, orgullo,
propiedad y rendición
mientras mis manos acumulan
esas
caricias de mi alma
que a veces se hacen palabras en
mis dedos
en dibujos de lápiz y carbón.
Pero en realidad todo se reduce
a una razón,
te quiero
y toda mi historia pasa solo por vos.
Ruben Mangiagli
©2016
122.
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Lo breve de un latido.
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Tengo los labios secos
y las
manos inmóviles,
mis pasos se quedaron
quietos
corriendo en
por un todo para nada,
miro
y ya no te veo, latidos
falsos marcan el
ritmo
de este corazón muerto,
el tiempo lo mata casi
todo,
la distancia hace el resto.
Ruben Mangiagli
©2016
Nueve círculos.
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No hay escape
ni ventanas ni puertas,
tampoco paredes
ni muros con altas rejas,
estoy en está circunferencia de letras,
en los nueve círculos
del infierno,
donde escribo
sin querer hacerlo,
una inspiración
que no sirve, no completa.
Las palabras sin piedad me encierran y
aprietan en paginas
semi muertas,
quizá por eso
algunos me llaman poeta,
sin saber que
mis entrañas rotas y viejas
amañan en párrafos mis ocultos dilemas
para parir eso que
el papel
fija en prosas,
y rimas asonantes yermas.
Dolor,
silencio,
desamor, melancolía,
fracaso, amor, infelicidad, pasión y penas.
El tiempo no
trascurre, se quedó
estático entre mil esperas,
los relojes se
se derriten y se queman,
quizá si alguna
mujer me quiere algún día
se rompan estos
círculos y volveré a sentir
para olvidar que alguna vez escribí poemas.
Ruben Mangiagli
©2016
Caminando desvelos.
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Hay sentimientos en las farolas, una
extraña sensibilidad en las
luces que parecen
hablar de historias de amor,
las ventanas murmuran viento y alientos
que fueron de besos antiguos
se mezclan en esta
melancolía vieja que carcome
mis horas sin sueño,
tantas puertas y ninguna se parece a las
que quiero, una se abra a sus ojos,
otra se cierre a mi destierro,
las veredas se cruzan como costillas en
una coraza que esconde secretos
tan ciertos de locuras y deseos
de amantes que se detuvieron contra
paredes que derramaban
sudor de urgencias
y desvelos,
camino como siempre y la espero,
la ciudad parece estar tan viva y yo
tan muerto
o quizá solo es que mi cuerpo está
cansado de
echarla tanto de menos
y hasta mis pasos la extrañan cuando
mis manos sostienen
el recuerdo de los que nos falta,
ese abrazo que esfume el abismo del
tiempo.
Ruben Mangiagli
©2016
La memoria de los huesos.
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Creemos que podemos medir el amor, sentir alguna vez vivimos un gran amor que deja pequeño a todos los demás, pero quizá esa no sea la forma de medirlo, creo que una vez en la vida alguien nos hace sentir un amor profundo, ni más grande ni más chico, que te cala en forma intensa y se instala en el cuerpo, penetra hasta los huesos y ocupa la mayor parte de la memoria, es como una transferencia que hacemos hacia nuevos recuerdos más importante para nosotros de ese amor, de pronto, todo lo recuerdas, todo se hace memoria y sentimientos hasta que al final, por no poder ocupar más espacio, se hace parte del alma y de ahí surge eso de querer a alguien para siempre. Los huesos no olvidan, es un arraigo, sucede como con las anillas de los troncos de los arboles, pase lo que pase, florecen cada año, no importa si el año fue frío, lluvioso o si casi se secan, dentro las anillas siguen creciendo estación tras estación. Si tenemos suerte ese amor se consuma y permanece, sino sentimos que por él nos duelen hasta los huesos.
Un amor así es sabia y médula, historia y presente.
Sí, estoy seguro ahora, los huesos tienen memorias.
Ruben Mangiagli
©2016
Mal.
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Estado de animo.
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Junio, Noviembre,
Diciembre, Enero
té o café.
Cometas y gatos,
libros,
tu nombre y el mío,
nosotros sin
otros,
nosotros con
ellos,
poder entendernos,
querernos.
Cine si queremos
o un teatro,
calidoscopios de
girasoles que
pueden
cambiar,
curvas y ángulos,
tus piernas
y pecas,
mi delgadez
erecta,
Un montón y otro
de invitados
que somos solo
uno en los dos,
pero
preferidos en la
cama o en
la mesa de la sala,
Sin ayer, quizá un
poco de
recuerdos para no
olvidar
quienes somos y lo
que nos costó
encontrarnos,
hoy estas,
hoy estoy,
la felicidad es una
ruleta de
pares e impares,
dejemos de apostar
por favor,
no nos perdamos más,
ser felices es ahora y
lo demás no
volverá.
Ruben Mangiagli
©2016
Un amor sin amor.
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Las calles del desamor,
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Sigo caminando las calles del
desamor
mil caras me miran pero no me ven.
muros pintados de poesía
y ninguna es verdad,
en cada esquina besos huérfanos
reclaman propiedad,
flores de asfalto que pesan la mitad
de lo que no fue
y nunca será
cruzo una plaza con palabras ya no
se pueden pronunciar,
me detengo para ver
el fin de una crucifixión con clavos
afilados de soledad,
dolor, promesas rotas
y lagrimas que nadie pudo llorar,
creo que soy yo, pero no.
Me pregunto si las veredas tendrán
final,
si las farolas no se apagan jamas
si mi pasos se cansaran,
la lluvia no para y hay truenos de
latidos que no son mios,
pregunto donde estoy y ninguno
me quiere contestar,
no quiero mirar para atrás
porque puede esté perdido y ya
no me vuelva a encontrar.
Ruben Mangiagli
©2016
La escritura del dolor.
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Puerta.
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Lados.
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Te quiero por delante
y por detrás,
en tus ángulos y sombras,
donde formas la belleza
y mi deseo se
altera.
Cuando vienes o
te vas
y yo me quedo quieto
casi sin respirar.
Te siento en mi cómo un
viento que corta
mi soledad,
y sos noche y día,
invierno y calor,
una flor sin espinas,
la esencia que motiva mi
hombría,
mi mejor mirada que hace
que mis manos
calladas de estrofas y
palabras
hagan una realidad de un
sueño,
que apabulló el tiempo
y la distancia.
Ruben Mangiagli
©2016
Aire.
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Una calle.
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eterna, larga,
y en cada esquina sí estás
o no,
las baldosas
hablan de nos entre rayuelas
de amor,
historia de
desencuentros, esperas
y dolor
lo contrario,
ese abrazo que te rompe
las manos
de lo bueno
que todavía queda entre
los dos,
hola y adiós,
algún sol,
con gatos, girasoles y una
vida sin vos.
©2016




















