Puntos.


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Porque un día cuando llegaste quise contar mi respiración frente a vos
Y dejé de respirar.
Porque un día cuando te fuiste quise contar los latidos de mi corazón
Pero ya no los sentí.

Medidas.


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Mi corazón aún recuerda sus medidas,
más que mi memoria y aún más que mi tacto,
sus piernas eran tan largas como
veintidos besos míos con tres suspiros de intervalos,
su cintura era exacta a mi abrazo,
los pechos del tamaño de mis manos,
y su boca el vertice de mis labios.

RM



Entremedio.


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Como la metáfora de un ángel
muerto sin su primer vuelo,
el amor desaparece en un momento,
sin fecha, sin recuerdo, sin aniversario,
ni siquiera un duelo,
se hace silencio de cicatrices
invisibles que duelen
un día cualquiera
de otoño en medio del invierno.

RM


Huesos.


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Deberíamos desenterrar los fósiles del amor, volver a armar los huesos, ponerle un nombre raro, en latín.
tipo
Amorus primitivus,

exponerlos en un museo, e ir a visitarlo y recordar que alguna vez amamos de verdad.

RM

Buenas noches,


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Que sueñes
que tus sueños se cumplen,
que el deseo de tu cumple se hizo realidad,
que ya perdiste todo y te toca ganar,
que te quiere quien quieras más,
y que ser feliz no es tan dificil
si te atreves a intentar.
RM

Sí.


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Si dirías que sí …

sin preguntar,
aunque puedas dudar,

con un gesto,
una caricia,
tácitamente frente a una taza de café,

en una mirada
que no vea más allá,

sin trenes que dejamos pasar,

con la cartera vacía
llena de amor para gastar,

mirando el reloj
sin importar la hora se escapó
ni las estaciones
no volverán

si dirías que sí...

se terminaría el final del principio
que no nos atrevimos
a intentar.

Ruben Mangiagli.



Anónimos.


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Nos hicimos el amor
entre medio de cada tristeza,
la de ella compleja,
la mía certera.

Naufragos en medio de la tierra,
como ciegos
con caricias a tientas,

sabiendo de memoria
que la necesidad entiende
de miserias,

nos llenamos de besos
que debíamos y otros
tantos que sabíamos ya
nunca a quienes
esperamos nos darían.

No nos dijimos los nombres,
no valía la pena
escucharlos de otros
labios

para no engañarnos mientras
las copas con vino
se vaciaban y se llenaban
de nuevo

de una soledad compartida

cuando ya casi amanecía por
las calles
de una Barcelona que
seguía dormida.

Ruben Mangiagli.


235.


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Ella me tocó la mano con el dedo, breve y suavemente, como para asegurarse de que era real, de que, en caso de necesidad, ahí estaba mi mano a la que asirse y sostenerse.


Destiempo.


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Todo llega dicen, y es verdad, el problema no es si llega sino cuando llega. A veces las cosas llegan cuando ya es tarde. Otras veces lo que esperas llega antes, cuando no estás listo. Todo tiene su momento, antes o después de ese momento nada prospera.
El destiempo son dos calles que nunca se cruzan. El destiempo es llegar cuando la fiesta terminó. El destiempo no es solo que algo te llegue tarde, es también llegar tarde a eso. Es no tocar a tiempo la nota justa. El destiempo es perder el tren. El destiempo es un perdón que llega tarde. El destiempo es como una fruta verde, amarga.
Cinco segundos antes puede ser el momento ideal, cinco segundos después el peor momento. El destiempo es un desencuentro. Es sabiduría que llega cuando ya no la necesitas. El destiempo es una tarde fría en verano. Es lo opuesto al lugar y la hora indicada. El destiempo es una discusión de uno solo.



Sopa de letras.


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A mor que no se va.
U n instante, una eternidad.
N ada que agregar, nada que callar.

T iempo que ya no está
E n memorias de nunca jamas.

Q uizá sea tiempo de olvidar
U n poco ahora y otro poco más
I r a algun lugar
E n cualquier parte
R odeado por alguien me sepa amar
O no, lo mismo da.

RM

La metáfora del amor.


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La cuna se mece sobre el abismo y el sentido común nos dice que el amor solo es un atisbo de luz entre dos eternidades en tinieblas.



234.


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Tal vez la memoria sea cómo la música, una serie de notas y sonidos que se unen en recuerdos. Una canción, una sinfonía, una ópera, que dura toda nuestra vida y cuyas letras y música solo puede ser interpretada por el corazón de cada uno.


Alicia cae.


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Y Alícia creció , pero nunca terminó de caer,
como vos,

y no se enteran
no te enteras,
aunque
el vacío parezca verdad,
aunque
todo puedan tocar,
menos
mi alma claro está,

un privilegio que ya en ningún
cuento encontraras,

porque al final
lo único real
era una mentira que pintabas de verdad.


Ruben Mangiagli


Cuentos.


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La cuestión es que es difícil dejar que los cuentos de hadas desaparezcan; a casi todo el mundo le queda una mínima esperanza de que un día abrirá los ojos y verá que se han hecho realidad. Cuando el día llega a su fin, la fe es un misterio, aparece cuando menos te lo esperas. Es como si un día te dieras cuenta de que los cuentos no son exactamente como habías soñado. El castillo, puede que no sea un castillo; no es tan importante eso de ser felices para siempre, basta con ser felices en el momento. A veces, muy de vez en cuando, la gente puede darte una grata sorpresa; de vez en cuando, alguien te deja sin respiración.


Breve espacio.


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El breve espacio que no habitas en mi es identidad de dos, donde el tiempo tiene tu nombre y el anexo del mio, es como ser luz y camino, en el extraño privilegio de sentirte mia en la inclinacion de todos lo adverbios
RM

Sentencia.


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Y el tiempo nos aleja inevitablemente,
despacio... en silencio...
ese silencio tan tuyo,
haciendo desvanecer esa agonía que queda clavada entre los huesos del pecho,
justo entre las costillas, tan cerca del corazón.

El tiempo como verdugo mata y disfruta,
dura y certeramente
con su aguja de horas de espada,
lentamente con su daga de minutos,
sutil con sus segundos
imperceptibles,
Sin ninguna pudor convierte lentamente los "Te amo" en "Te quiero"...
y el "Te quiero" en un recuerdo,
y el recuerdo en un olvido
que no se olvida.


Ruben Mangiagli


No, no ( no)


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No me hables,
no me escribas,
no me jodas,

yo sé muy bien lo que es caer por un tobogán
y resbalar,

No me enseñes,
no me busques,
no me sigas,

porque jamás me alcanzaras y no me encontraras.

No te compares,
no te iguales,
perderás,

tengo más días de vida que tú, razones y un café
recalentado sin terminar.

No digas,
no susurres,
no grites,

nunca no existe, siempre jamás, ahora no puede
ser un quizás.

No me quieras,
no me quieres,
es la realidad

juegas a la mancha amar pero si me tocas te vas
a envenenar

porque este loco ya no quiere nada más y ni un
solo recuerdo serás,

si te quiero ya
no lo sabrás,
ni lo imaginaras,

es lo que siento, es verdad, un hastío peor que
tu silencio,

mayor que la soledad,
más grande que el verbo
te follaré, me follaras,

sin caricias, como animales que ni siquiera
sirven para procrear, vete,

sin después,
sin vacilar,
sin esperar,

en serio no llegues, no te pares ni vuelvas la
mirada atrás y

no me hables,
no me escribas,
no me jodas,

la puta vida no nos espera más, solo se nos va.

Ruben Mangiagli.



Tiempo ordinario.


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Vivimos en el tiempo -nos contiene y nos moldea-, pero nunca he creído comprenderlo muy bien.
Y no me refiero a las teorías sobre cómo se desvía y se desdobla, o a que pueda existir en otro lugar en versiones paralelas.
No, me refiero al tiempo ordinario, cotidiano, que los relojes de pared y de pulsera nos aseguran que transcurre regularmente: tictac, clic-cloc.
¿Hay algo más verosímil que una segunda aguja? 
Y, sin embargo, el placer o el dolor más nimio basta para enseñarnos la maleabilidad del tiempo. Algunas emociones lo aceleran, otras lo relentiza; de vez en cuando parece que no fluye, hasta el punto final en que desaparece de verdad y nunca vuelve.




Analogía.


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Tan sencillo como... 
Si te pica un bicho, ráscate
y luego pásate alcohol para que no se te infecte.

Tan simple como...
Si tienes recuerdos de alguien, escribe
y luego tómate dos copas de alcohol para que no te envenene.


RM


Que te extraño.


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Puede que el whisky tenga tu sabor
como un recuerdo
fuerte, que quema
y el humo del cigarro
solo sea una niebla que cubre lo
que no quiero ver,

o solo sea que te extraño y me extraño
y no quiero decirlo porque prefiero
no escucharlo,
ni pensarlo,

pero no,
solo soy yo y mi nostalgia de un te
quiero que tiene que
irse

para que no duela.

Ruben Mangiagli