Así.


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Conocerla fue como emerger del mar y respirar, como nacer y hacerlo por primera vez, doloroso, desconocido, pero imprescindible.

Una poesía nunca escrita pero mil veces leída.

Inmenso mar.


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Porque nunca tu figura cruzaré
tallada en la proa de
un barco,

ni tampoco ninguno llevará tu
nombre con el sonido de mi

voz cuando te nombraba,

porque la luna no te extraña
como yo,

y los calendarios se quedaron
quietos,

inmóviles,
perpetuos,
fijos y detenidos,

como la ultima vez mi ojos te
miraron,

o quizá porque tu silencio se
hizo grito en mi,

voz,
susurro,
aliento,

hasta que solo fue el latido
de mi corazón,

y el mar que nos separa es
cada vez profundo

y la costa se aleja cada vez
más y más,

como el sol por las mañanas,
o las estrellas que dejan
de brillar,

porque te sigo queriendo y
sigo remando

en este océano de soledad,

y remo con todas mis fuerzas
contra esta mala
voluntad

que me deja quieto en el
mismo lugar,

justo en el medio de un te
espero para siempre

y un te espero para nunca
jamás.

Ruben Mangiagli
©2017









La ausencia de una sonrisa.


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Una de las cosas que siempre me costó es tener que renunciar a reírme en compañía de ella, después de casi una vida ( la mía ) había encontrado con quién hacerlo por todo o por nada y convertido en incondicional de su sonrisa.


Bajo nuestra propia oscuridad.


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Antes creía que cada persona escoge su forma de vivir, que controlábamos y gobernábamos nuestro futuro. Que elegíamos a quienes queremos , la profesión ejercemos y que somos responsables del curso de nuestras vidas. Pero existe una fuerza mayor , más poderosa que el libre albedrío, el inconsciente.
Bajo nuestra ropa tras puertas que permanecen cerradas todos tenemos deseos ocultos que nos impulsan , deseos que pueden ser primarios, oscuros, profundamente vergonzantes. Cuando más observas a alguien, más te das cuenta de que en realidad nunca somos quienes decimos ser. De hecho, escondido en los más recóndito, siempre hay algún secreto, que nos enseña podríamos ser otra persona diferente a quien nos habita interiormente.



218.


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Estoy convencido que nunca hay que dejar entrar a nadie en la vida de uno, ni un solo día, a menos que se esté dispuesto a que se quede para siempre.

217.


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El más intolerable dolor es que se convierta en pasado quien uno recuerda como futuro.



La historia de Flora y Gatomate 63.


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Espera.

Sabré aguardar como aguarda esa luna insistente.

RM

Desde las estrellas.


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Abrazarla desde las estrellas de la misma noche, con fuerza, con la confianza con que se abraza a alguien esperado de los viejos tiempos imperfectos pero menos tristes, en los que aún estábamos cuantos teníamos que estar.

La historia de Flora y Gatomate 62.


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Todavía los gatos.

Todavía los gatos se asoman, caminan por los tejados, se bañan de lunas, son dueños de un cuadrado de cielo, algunos escriben lo que los humanos jamás entenderán, esperan un amor, una vida más, que los calendarios marquen mentiras para poder crear sin que exista la realidad, su mundo sigue siendo la manzana con alguna calle que no conduce a ningun lugar, mientras sus libros tienen abecedarios sin indices para que los recuerdos no se puedan ordenar, por eso soy gato aún, es mejor que ser hombre y entender que lo que se fue no volverá.

RM

El instante de un sueño,


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La besé.
La besé.
Y estaba... 
en casa.
RM

¿Cómo?


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¿Cómo decirle ahora que solo su sonrisa me basta para volver a
recomponer los minúsculos añicos en los que se ha roto mi vida? 

¿Cómo explicarle a una mujer, que subastaría el resto de mis días al peor postor tan solo por saber lo que es dormir entre sus brazos?


Kamikazes.


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Perdimos el tiempo,
perdimos la vida y fuimos como kamikazes sin retorno
en su único vuelo,

hubiéramos podido tenerlo todo y
nos empeñamos en no tener nada,
fuimos ese viento divino
que nunca sopló,
como poniente y levante,
como la flor de un bonsai que no nace,
creímos que eramos eternos,
pero nunca hubo paraíso,
jamás tocamos el cielo.
y los besos se quedaron sin dueños,
sin nombres
y
ni un solo recuerdo.


Ruben Mangiagli

La necesidad de mis ojos.


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Necesito golpearme el pecho hoy,
con un soplo de viento o una viga de acero,

escuchar si en mi interior hay ecos
en este vacío continuo y persistente que siento,

aunque mi corazón esté roto y
no haya solución,

partir al medio la coraza de tu olvido y
sentir que sigo vivo,

aunque sea por un rato, por vos, por mi o por lo
que fuimos

para que tu sonrisa se desate
de la mueca de la mía,

y que mis manos ya no te escriban
ni toquen tu recuerdo,

para poder cerrar los ojos aunque ya no despierte
ni te sueñe cuando respiro.

Ruben Mangiagli
©2017


Flores.


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Doce flores en un balcón
y ninguna habla de amor,

tres con pétalos de dolor,

nueve sin un rayo de sol,

pero escondida en
un rincón

hay otra que espera algo,

puede que sea que

que el viento traiga otra
vez tu nombre,

como si supiera que mis
manos

ya no lo pueden escribir
en un poema de amor.

Ruben Mangiagli
©2017


216.


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Permanecer siempre fiel a un antiguo amor es a veces el secreto de toda una vida.

Si para de llover.


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No se debe molestar cuando el amor ha terminado por uno. Hay que conseguir que te olviden, hacerse muy pequeño para no precipitar la caída. Esperar a que el otro te olvide, que no recuerde lo que tiene que reprocharte. Esperar que vuelva a ti, una vez pasada la tormenta, si es que para de llover.

215.


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¿Fue la vida o fuimos nosotros, que no quisimos ser?
Qué importa… Lo cierto es que nuestro amor fue tan grande, que darlo todo por ella se quedó corto. Quizás por eso nunca le di nada. Contradictorio, ¿verdad?

La leyenda del hilo rojo.


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Siempre he pensado que hay una serie de personas con las que vamos encontrándonos vida tras vida. Y si miramos atentamente, sabremos reconocerlas. Son esas con las que nos sentimos extrañamente cómodos, con las que podemos ser nosotros mismos en todo nuestro esplendor, a pesar de lo que esto puede significar. Son esas personas a las que no querríamos perder por nada del mundo y con las que, a pesar de que la vida nos lleve por diferentes caminos, siempre nos une un hilo imperceptible e inquebrantable. La leyenda del hilo rojo.
Espero volver a encontrarte en otra vida Victoria.


Té.


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Ella me enseño dos cosas:
Té:
Tres minutos y medio de infusión. Más, queda agrio, menos, queda insípido. Todos los detalles tienen siempre su importancia, me dijo, nunca lo olvides si estás conmigo.

Por ahí, vos.


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Escribo por si uno de los cientos de fantasmas del pasado que vagan ahí, alrededor de mi vida, que son  como espectros extraviados, esperando teclear la combinación exacta de letras y en una poesía resucite uno por un instante, esperando que seas vos.