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de uno mismo


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Cuando nos miramos en los reflejos de los espejos o en otras visiones y no nos reconocemos en los ojos, es porque en ellos es donde anida ese miedo a dejarse de reconocer, a haber perdido algún eslabón de la propia existencia, el miedo es lo que une el yo de ahora con los de antes, un ansia de pesquisa que imprime al rostro la expresión más incondicional, esa necesidad de averiguar porque no podemos vernos sin sentir que algo perdimos y que por más intentemos, deseemos, ya no está, esa certeza que solo unos ojos pueden calmar nuestra mirada y el temor a no volverlos a encontrar jamás.

Quemar después de escribir.


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Aun te quiero,
te espero,
te extraño,
te anhelo,

todavía te sueño,
te deseo,
te perdono,
te amo,

pero también todo
lo contrario,

y quemo este escrito
para que no
queden

registros de palabras
que saben a
lunes

de mierda y hastío.

Ruben Mangiagli
©2017


Pasos en el tiempo.


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Camino por la calle abandonada
de los sueños, los que fueron
los que nunca serán,

donde siempre son las doce
de la noche o de la
mañana

porque me da igual,

un lunes que es jueves, la tarde
es para olvidar la noche
de un

invierno enquistado en lo que
alguna vez quizá fue una
primavera,

una estación sin nombre de
esas no quiere recordar
ningún hombre

con las paredes llenas de las
esquirlas de las memorias
que se esquivan,

niños y ancianos que son las
piedras que pisan mi
pies

levantan sombras para que
sientan por ultima vez
lo que es vivir

sin posibilidad de volver,

y las lagrimas se hacen lluvia
que sentirás un día de algún
atardecer

para que me puedas mirar,

pero la imagen de mi rostro
y mis manos no las
veras

porque están desapareciendo
en este camino de sueños
no supimos realizar,

y lo que no escribimos escrito está,

cuando llegue a casa, tarde
o temprano ya ninguno
de los dos estará.

Ruben Mangiagli
©2017



192.


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No debería escribir con un vaso de whisky casi vacío y casi lleno de recuerdos.

El instante de tus ojos.


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Y en un momento te perdiste
en otros mundos
entre quien sabe que estrellas,

como un cometa de palabras
errantes en un libro

que cruza algunas de mis paginas

a veces eterna, otras lo que dura
menos de un instante,

tal si solo fueras la mirada de tus
ojos marrones
que cuando miran

detienen la belleza y todo se
para, las flores, las calles,
el campo,

la ciudad llena de invisibles
habitantes,

hasta mi pulso que ignora que
mi corazón todavía
late

y mis manos que desean al menos
una vez acariciarte.

Ruben Mangiagli
©2017

El tiempo de las miradas.


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El tiempo es como una persona. Hay que respetarlo y saber valorarlo. Cada persona necesita su tiempo y hay tiempos que piden la presencia de otras personas.


La vigía.


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Espero a los cinco ángeles de 
Avalon en una sola,
espero a la luz de Oriente,

una letra de justicia
en mis manos
que sea un nacimiento de mi
voz,

a las manzanas del valle contienen
las semillas de la felicidad
para que crezcan en mi boca,

el paso de un gigante que aplaste
mis recuerdos,

una sirvienta, una reina, una mujer
que me entienda,

y que haga de mi locura la suya,
para poder quererla.



Ruben Mangiagli.


191.


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Hay que tener una buena memoria para saber aquellas cosas que conviene no recordar.


A solas.


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Algún día te vas a encontrar a solas contigo mismo, ese puede ser un día feliz o un adelanto del infierno, y tu vida ya no será la misma, día a día caminamos hacia ese fin, sabiéndolo o no, pero llegará y hay que estar preparado.

190.


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El amor habla por medio de la mirada y a veces hace poeta al más analfábeto.


189.


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Hay personas que me mintieron tan bien que me pareció una descortesía el no creerles.


Libros.


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Todavía me gusta buscar en los libros, subrayar lo que quiero retener, aprender, incluso lo que creo en algún momento vale repensar, encontrar ideas, inspiración. Un viaje imaginario a ningún lugar y todos los lados. La justificación de mi locura para poder escribir aunque nadie me lea.

188.


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Escucha con los ojos, pues te pueden mentir con la boca, pero es más difícil lo hagan con el rostro.

187.


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La madurez es saber qué camino tendrás que tomar tras unos acontecimientos que ya no te van a suceder.

186.


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Este aire extraño, lleno de palabras y tu perfume, como si una tormenta de amor y deseos nacida en la soledad pudiera formarse solo sobre uno mismo.
RM

185


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Hay que reconocer las propias tinieblas para intuir el camino que nos queda por recorrer.

184.


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La poesía es la única manera con que curo mi razón.


183.


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Y sentí que no todas las miradas juzgan, sino que hay miradas que arropan y cobijan, ojos en los que uno puede refugiarse cuando el mundo es demasiado hostil.



182.


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Con creciente frecuencia me he preguntado, ¿qué hace la gente que no lee? 
Siempre he pensado que mientras una persona lee, no puede estar haciendo algo peor. No digo que la lectura pacifique ni disuada a los individuos, pero reitero: inmersos en el acto mismo de leer, no pueden matar ni robar. La lectura es silenciosa, contemplativa, estéticamente agradable. El espectáculo de una persona leyendo, aunque sea el manual de instrucciones para descuartizar a un bambi, tiene en sí mismo una gracia contagiosa y el mundo por un rato es más amable.