Lluvia sin soledad.


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Afuera la lluvia comienza de nuevo,
como si fuera un ritual,
así que no debemos llorar,
el agua siempre llega al mar,

todavía podemos soñar, cerrar
los ojos y mirar
en las horas que olvidamos
en algún lugar.

Imagina un rincón, en casa, que
puedas recordar y sientéme,

una habitación, la que quieras,
con las ventanas cerradas,
las puertas aunque tenga
llaves se podrán abrir

fingiendo la felicidad que un
día dejamos escapar.

Las historias de amor se hacen
viejas, como nosotros,
y a los amantes que no se
tuvieron el tiempo

los envejece sin pensar en
lo que hubo y no será,

no se puede evitar,

pero podemos respirar, y en
el corazón recordar un
latido que no pudimos
olvidar,

deja que nos mezclemos en
las estaciones, para que
los calendarios no tengan
nombres,

abrázame como si tus manos
pudieran hablar,
que los silencios se callen y
no puedan gritar,

todo en ese instante se puede
perdonar, y con el viento
encontrarnos

y ya no estar solos nunca más.

Ruben Mangiagli.


221.


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Todos los verdaderos hombres tuvimos una Mrs Robinson en nuestras vidas

220.


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Siempre se llega tarde a la vida de la persona que amamos.

Ella me enseño dos cosas:


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Té:

Tres minutos y medio de infusión. Más, queda agrio, meno s, queda insípido. Todos los detalles tienen siempre su importancia, me dijo, nunca lo olvides si estás conmigo.


219.


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... porque en ese espacio que llamo mi alma, si la apuñalan sangraría su nombre y aún no sé porqué...

¿Cuánto tiempo puede llevar el darse cuenta que ese es el amor de tu vida?


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La vida misma, que en la inmensidad del tiempo y el universo, es apenas un latido. No hay manual, ni siquiera una señal, a veces es cuestión de suerte, otras de oportunidad. Otras es inevitable y basta una mirada, un silencio, una palabra, para saber que ese es lo que esperas,tu no destino, no importa cuántas excusas quieras poner, si termina junto a vos no, solo es y punto´

Conjuro.


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Perejil, salvia, romero y tomillo.
Un poco de sueños,
algo de suerte,
un deseo,
y si todo sale bien,
volver a empezar
de nuevo.

El amor.


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Respirar y no tener aire, gritar y no emitir sonido, sentir... sentir de nuevo más allá de la piel y darte cuenta que alguien ha tocado tu alma, que no es intangible, que existe al menos para una persona.

Así.


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Conocerla fue como emerger del mar y respirar, como nacer y hacerlo por primera vez, doloroso, desconocido, pero imprescindible.

Una poesía nunca escrita pero mil veces leída.

Inmenso mar.


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Porque nunca tu figura cruzaré
tallada en la proa de
un barco,

ni tampoco ninguno llevará tu
nombre con el sonido de mi

voz cuando te nombraba,

porque la luna no te extraña
como yo,

y los calendarios se quedaron
quietos,

inmóviles,
perpetuos,
fijos y detenidos,

como la ultima vez mi ojos te
miraron,

o quizá porque tu silencio se
hizo grito en mi,

voz,
susurro,
aliento,

hasta que solo fue el latido
de mi corazón,

y el mar que nos separa es
cada vez profundo

y la costa se aleja cada vez
más y más,

como el sol por las mañanas,
o las estrellas que dejan
de brillar,

porque te sigo queriendo y
sigo remando

en este océano de soledad,

y remo con todas mis fuerzas
contra esta mala
voluntad

que me deja quieto en el
mismo lugar,

justo en el medio de un te
espero para siempre

y un te espero para nunca
jamás.

Ruben Mangiagli
©2017









La ausencia de una sonrisa.


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Una de las cosas que siempre me costó es tener que renunciar a reírme en compañía de ella, después de casi una vida ( la mía ) había encontrado con quién hacerlo por todo o por nada y convertido en incondicional de su sonrisa.


Bajo nuestra propia oscuridad.


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Antes creía que cada persona escoge su forma de vivir, que controlábamos y gobernábamos nuestro futuro. Que elegíamos a quienes queremos , la profesión ejercemos y que somos responsables del curso de nuestras vidas. Pero existe una fuerza mayor , más poderosa que el libre albedrío, el inconsciente.
Bajo nuestra ropa tras puertas que permanecen cerradas todos tenemos deseos ocultos que nos impulsan , deseos que pueden ser primarios, oscuros, profundamente vergonzantes. Cuando más observas a alguien, más te das cuenta de que en realidad nunca somos quienes decimos ser. De hecho, escondido en los más recóndito, siempre hay algún secreto, que nos enseña podríamos ser otra persona diferente a quien nos habita interiormente.



218.


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Estoy convencido que nunca hay que dejar entrar a nadie en la vida de uno, ni un solo día, a menos que se esté dispuesto a que se quede para siempre.

217.


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El más intolerable dolor es que se convierta en pasado quien uno recuerda como futuro.



La historia de Flora y Gatomate 63.


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Espera.

Sabré aguardar como aguarda esa luna insistente.

RM

Desde las estrellas.


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Abrazarla desde las estrellas de la misma noche, con fuerza, con la confianza con que se abraza a alguien esperado de los viejos tiempos imperfectos pero menos tristes, en los que aún estábamos cuantos teníamos que estar.

La historia de Flora y Gatomate 62.


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Todavía los gatos.

Todavía los gatos se asoman, caminan por los tejados, se bañan de lunas, son dueños de un cuadrado de cielo, algunos escriben lo que los humanos jamás entenderán, esperan un amor, una vida más, que los calendarios marquen mentiras para poder crear sin que exista la realidad, su mundo sigue siendo la manzana con alguna calle que no conduce a ningun lugar, mientras sus libros tienen abecedarios sin indices para que los recuerdos no se puedan ordenar, por eso soy gato aún, es mejor que ser hombre y entender que lo que se fue no volverá.

RM

El instante de un sueño,


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La besé.
La besé.
Y estaba... 
en casa.
RM

¿Cómo?


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¿Cómo decirle ahora que solo su sonrisa me basta para volver a
recomponer los minúsculos añicos en los que se ha roto mi vida? 

¿Cómo explicarle a una mujer, que subastaría el resto de mis días al peor postor tan solo por saber lo que es dormir entre sus brazos?


Kamikazes.


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Perdimos el tiempo,
perdimos la vida y fuimos como kamikazes sin retorno
en su único vuelo,

hubiéramos podido tenerlo todo y
nos empeñamos en no tener nada,
fuimos ese viento divino
que nunca sopló,
como poniente y levante,
como la flor de un bonsai que no nace,
creímos que eramos eternos,
pero nunca hubo paraíso,
jamás tocamos el cielo.
y los besos se quedaron sin dueños,
sin nombres
y
ni un solo recuerdo.


Ruben Mangiagli