Archive for 2017

Flores.


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Doce flores en un balcón
y ninguna habla de amor,

tres con pétalos de dolor,

nueve sin un rayo de sol,

pero escondida en
un rincón

hay otra que espera algo,

puede que sea que

que el viento traiga otra
vez tu nombre,

como si supiera que mis
manos

ya no lo pueden escribir
en un poema de amor.

Ruben Mangiagli
©2017







Y tu ausencia.


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Este silencio que no se va,
como si la perpetuidad se tenga que ejecutar
implacable, así como la
misma soledad,
sin motivos ni piedad.

De nuevo, es como si las palabras estuvieran
atrapadas,
enterradas bajo antiguos temores
y vidas pasadas, como
huesos de un antiguo
funeral,

sin tierra, ni ceremonias
que alguien necesite recortar, solo se hace
respiración,
que aprieta mis costillas, que
disuelve mi corazón,

y tu ausencia

que es la sombra de lo que un día fui yo, como
un viejo poema que fue escrito
vacío de palabras,
lleno de dolor.

Ruben Mangiagli
©2017


Lo relativo del tiempo.


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¿Quieres entender qué es un año de vida? 
Pregúntaselo a un estudiante que acaba de suspender el examen de fin de curso. 
¿Un mes de vida? 
Díselo a una mujer que acaba de traer al mundo un niño prematuro y espera que salga de la incubadora para estrecharlo entre sus brazos sano y salvo.
¿Una semana?
Que te lo cuente un hombre que trabaja en una fábrica o en una mina para mantener a su familia.
¿Un día?
Pregúntale a una persona claustrofóbica encerrada en un ascensor averiado.
¿ Una hora?
Pregúntale a una madre en un atasco que no llega a buscar a su hijo al colegio.
¿ Un minuto ?
Pregúntale a una persona enamorada que espera una respuesta de a quien quiere.
¿Un segundo?
Mira la expresión de un hombre que acaba de salvarse de una accidente de coche.
¿una milésima de segundo?
Pregúntale a un atleta que acaba de ganar medalla de plata en los Juegos Olímpicos, en vez de medalla de oro para la que lleva toda la vida entrenándose.

¿ Y un siglo?
Pregúntamelo a mí, simple, el tiempo mío que gastaría en volver a encontrarla

La vida es mágica y la importancia relativa del tiempo también.
Creo en ello.




A mi hijo.


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Feliz cumpleaños Marcos,
aunque yo no sea el padre perfecto
y vos sí el hijo que siempre
quise tener,
aunque opinemos diferente
y que las visiones no sean iguales,
es tu tiempo, tu época,
tu vida por delante y el ocaso de la
mía,
y así debe ser,

Sangre de mi sangre, alma de mi alma,
fe de mi no fe,
de a hombre a hombre
sos mi orgullo, mi mejor legado,
el último de una estirpe,
el primero que siempre llegará,

te quiero y un mucho más,

que los cumplas muy feliz hijo,
y que la honestidad y la sabiduría
sigan siempre a tu lado,
vayas donde vayas o te quedes
para siempre en el mismo lugar.


Ruben Mangiagli

Todas las cosas.


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Ahora me doy cuenta de todas las cosas que antes ignoraba, el vacío que me rodea desde que te marchaste se hace más y más grande. A menudo, cuando la soledad puede con mis días, contemplo fotos de Buenos Aires, con la viva impresión de que vos estás en alguna parte. Y así ha sido durante todo este tiempo, aunque ya no pudiéramos vernos ni oírnos
Desde el día que dejaste de estar en mi vida no he dejado de leer, ni de imaginar lugares donde poder encontrarte, o donde hallar algún modo de comprender. Y a medida que la vida ha ido pasando sus páginas, me he dado cuenta de que la posibilidad de entender lo que pasó se alejaba de mí, como en aquellas pesadillas donde cada paso hacia delante te hace retroceder.

213.


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Que algo tan vacío como el tiempo pueda doler tanto.



Saludo.,.


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hola me llamo...escribió él.
hola! yo soy...respondió ella
escritos con la naturalidad de quienes esperan encontrarse
aún sabiendo que
la otra persona estaba a miles de kilómetros de distancia
e ignorando que después serían años,
igual esa noche
el espacio y el tiempo se unieron inexplicablemente,
y casi fue
como si estuvieran de repente uno al lado de otro en
un cuarto de una casa que ellos solos conocían
acariciándose las mejillas.



212.


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Ojalá me hubiera dado cuenta que mi verdadero hogar era cualquiera donde ella abriera la puerta.

Atrapados


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Porque esa noche te vi
temblar 
y cómo no podía abrigarte
me desnudé con vos,
y sin darnos
cuenta nos quedamos atrapados
en Junio y Diciembre,
en verano y en invierno,
las hojas caían en los otoños,
pero las primaveras
jamás existieron.

Ruben Mangiagli


211.


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Al terminar un cuento me siento siempre vacío y a la vez triste y contento como cuando hago el amor, una botella menos y algunas letras más.



Déjame.


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Déjame estar cerca desde lejos,
déjame que te quiera,
déjame no hacerte una
promesa,

Déjame que me deje querer y que
podamos hacer lo que cada
uno quiera

Déjame no ser si no hago,
déjame hacer aunque no sea.
Déjame ser suelo si te caes, y cielo si vuelas.

Déjame hacerlo mal para sentirme bien.
Déjame que sienta y siéntate que te tengo algo que decir;

te quiero,
para ahora, para nunca, para siempre,

Déjame, pero sobre todo; no me dejes.

Ruben Mangiagli





210.


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Hay botellas de vino que saben a recuerdos del olvido. Mentiras tan dulces que las haría cuentos para no dormir.

Miedo


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Tengo miedo
así que toma lo quieras ,
tengo ese temor
de no poder decirte suficiente cuando te mire,
de no saber expresarme cuando te toque;
de que no entiendas mi lengua,
mi beso, mi idioma,
tengo miedo
de poder tenerte o no.



Ruben Mangiagi


Edad.


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Que ya no soy joven es un hecho indiscutible. Dentro de unos meses cumpliré cincuenta y siete años, y aunque eso no es ser demasiado viejo, no lo que todo el mundo consideraría una edad provecta, no puedo dejar de pensar en todos los que no han logrado llegar tan lejos como yo. Un ejemplo , hay diversas cosas que podrían no haberme pasado nunca pero que, en realidad, me han ocurrido. Si me encontrara una nueva muerte me iría en paz, he vivido.

Diagrama cardinal ( poesía ilustrada)


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Ella es mi norte, mi pasado,
un futuro incierto,

sus manos el oeste y el este,
el deseo
de un abrazo continente.

El sur, un barrio, una anhelo
de veredas, tilos y sueños,

mi sonrisa del recuerdo,
una amiga perdida,
humor de una desdicha.

El camino de los espíritus
de los recuerdos,

un amor intangible,
el destino sin encuentros ni
argumentos.

Ruben Mangiagli
©2017


Premoniciones.


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Cuando una tarotista y un vidente se enamoran, los planetas no saben para dónde orbitar.
La luna se tara, el café no produce borra, los pájaros premonitorios se esconden en los nidos, las bolas de cristal tienen estática y las lechuzas prefieren mirar para otro lado.
Los amantes buscan en vano señales sobre el futuro, pero los naipes de la tarotista se van al mazo y los artilugios del vidente se descomponen.
Ella se pregunta: ¿me engañará algún día? Nadie le responde.
Él quiere saber: ¿estaremos juntos alguna vez? El porvenir no contesta.
El amor viaja en una frecuencia distinta a la del presagio, el deseo es un ahora. Un ahora o nunca.
Cuando una tarotista y un vidente se enamoran, quedan anclados del presente.
Viven juntos pero no.
Tienen los hijos que tuvieron con otros.
Una tarde uno, la tarotista se cansa del amor y recupera las facultades.
Lo primero que ve en las cartas es al otro, en un naipe nuevo llorando mañana.
Ella era el tarot, yo...solo un vidente que nunca pudo ver lo que ella necesitaba.

La asesina suicida.


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No olvides que si te matas me muero y si muero te suicidas. Y que vivo tan enamorada de mí que no voy a permitirme no salvarte, hagas lo que hagas.

Vida.


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Por ahí a lo mejor a la vida sólo hay que acariciarla y decirle que está preciosa para que se deje follar si estoy en Valencia o coger si ando por Buenos Aires y pare de joderme.

Fuiste poesía.


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Eras tan poesía que al final fuiste una mentira que se hizo mil letras.

Algún día.


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Algún día romperás una promesa otra vez. A lo mejor alguna carta mía. A lo peor incluso a llorar.

209.


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Y seguimos confundiendo la falta de sueño con la falta de alguien que nos haga soñar.

Piezas.


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Todo había sido un problema de conexiones fallidas, de mala sincronización, de andar a ciegas. Siempre perdiendo la ocasión de encontrarnos por muy poco, siempre a unos centímetros de descubrirlo todo. A eso es a lo que se reduce nuestra historia, creo. A una serie de oportunidades perdidas. Teníamos todas las piezas desde el principio, pero ninguno supo  encajarla.



Encogidos.


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MI reloj marcaba las siete y media y las agujas y yo nos encogimos al pensar en el tiempo que habíamos perdidos. Me levanté y eché a correr a medio galope en dirección a mi negocio, asombrado de haber recuperado mis fuerzas por haber estado escribiendo hasta tarde, pero maldiciéndose por las horas que había desperdiciado en ello. A veces no tengo consuelo. Haga lo que haga ahora, me parece que siempre llegaré demasiado tarde a todas partes. Podré correr cien años y seguiré llegando justo cuando las puertas se cierran, como tu corazón y tus manos para abrazarme.

Dependencia.


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Dependo de los silencios
y su complicidad,
esos no hacen daño
solo callar,

de los anónimos que me
leen por casualidad,
como un encuentro
secreto que no se espera,

de la distancia que no se
puede acortar,
aunque lo intente y a veces
todo se parezca a un puerto
no voy a llegar,

de las heridas que son lo
que serán cicatrices,
de ese mapa de recuerdos
no quiero olvidar,

también dependo de la
suerte, la fortuna y el azar,

de lo que con todas mis
fuerzas pueda lograr,

de mis manos que se hacen
letras,
de mis palabras que pueden
cumplir una promesa

y de la esperanza certera
que un día cualquiera
nos volveremos a encontrar.

Ruben Mangiagli
©2017


Tampoco lo sé.


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No sé que habrá pasado con las flores jamás
te regalé,
quizá hayan muerto sed
de esperar un momento que nunca fue.

Tampoco donde fueron los besos que te envié,
puede se hayan perdido entre
un día y el ayer.

Que pasó con el siempre ?
Tal vez solo se quedó en un adverbio
de una carta no te envíe.

Por qué sigo queriéndote tanto?
tampoco lo sé, la verdad es que entre tantos
olvidos jamás te olvidé.

Ruben Mangiagli
©2017


Inventario.


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Tengo un inventario de las cicatrices, en particular las de la cara, que veo cada mañana al mirarte al espejo del baño cuando me peino o me afeito. Rara vez pienso en ellas, pero cuando lo hago, entiendo que son marcas que deja la vida, que el surtido de líneas irregulares grabadas en la piel de mi rostro son letras del alfabeto secreto que narra la historia de quién soy, porque cada cicatriz es la huella de una herida curada, y cada herida es el resultado de una inesperada colisión con el mundo y por haber amado tanto.


Soy Argentino.


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Ser Argentino es pelearla, es salir adelante, es rebuscársela todos los días para llevar un plato de comida a nuestra casa. Es soñar con un futuro mejor. Es la incertidumbre, el no saber que nos deparará la semana, el mes, el año que viene. Es esperar la próxima crisis y verla como una oportunidad para superarnos. Es salir adelante. Es nunca estar conformes con lo que tenemos, y siempre pensar que afuera se está mejor.

Ser Argentino es creerse los mejores en todo, sabiendo de antemano, que no lo somos. Es tener la mejor carne, las mujeres más lindas. Es tener la sangre caliente, calentarse por todo. Es putear a toda hora y por cualquier razón, o acaso cuando un amigo se nos aparece de sorpresa no le decimos “Hijo de puta ¿qué haces acá?” Y le damos un abrazo fuerte.
Ser Argentino es sentir pasión por todo lo que hacemos. Pasión por el fútbol. Por nuestros colores, por nuestra bandera, por nuestra selección. Es alentar a nuestro equipo gane o pierda. Es seguir cantando mundial tras mundial que volveremos a ser campeones como en el 86. Es pararse y llevarse la mano al corazón con los primeros acordes de nuestro himno. Es llorar cuando lo escuchamos.

Ser Argentino es el tango, el folklore, es la milanesa napolitana, el alfajor, los pastelitos, la soda, las empanadas, son las torta fritas, el puchero, el guiso, el locro. Ser argentino es el bolígrafo, las huellas digitales, el bypass cardíaco, el bondi. Es Favaloro, Maradona, Messi, El Papa Francisco, Fontanarrosa, Charly Garcia, Fangio, es San Martin, Belgrano, Gardel, Borges, “La Negra” Sosa, , Piazzolla, Vilas, Cortázar, Porcel y Olmedo, es El “Che”, “Tato” Bores. Son Super Hijitus, Paturuzú, Mafalda, Anteojito, Clemente y Manuelita.

Ser Argentino es saber que cualquier excusa es buena para juntarte con amigos. Es compartir un mate con cualquiera, el Fernet con Coca, los asados, una picada con queso, salamín y mortadela, son los ñoquis de la abuela los 29, las guitarreadas. Y también es el truco, la rayuela, la payana, la taba, el sapo, la bolita, el ring raje.

Ser Argentino es no entender como el dulce de leche no es famoso en todo el mundo. Es darnos un abrazo, o un beso en la mejilla entre hombres sin dudar. Es hacer el ridículo sin que nos importe el qué dirán. Es tener sierras, cordilleras, desiertos,  lagos, playas, glaciares, selva, cataratas en un mismo suelo. Es tener la ciudad más austral del mundo. Es la amistad. Es el “Si yo pude, vos también podes”. Es ser solidario. Es sentirse orgulloso de pertenecer a un lugar tan hermoso.
Porque cuando no estamos en nuestro país, no extrañamos a nuestros políticos, no extrañamos los piquetes o embotellamientos, la inseguridad, la viveza criolla, el precio del dólar o la devaluación del peso, el riesgo país, el pago de la deuda externa, no extrañamos luchar para llegar a fin de mes con nuestro sueldo o ver como suben los precios mes a mes.

Extrañamos nuestra tierra, nuestras costumbres, nuestros amigos, nuestra familia, lo que fuimos, somos y seremos, extrañamos nuestra historia en cada esquina, un amor de Villa Devoto, la lluvia, la humedad, nos extrañamos a nosotros mismos.



Jodidamente.


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De vez en cuando me suicido,
de formas diferentes,
en maneras de olvidos,

el daño siempre es el mismo,
un dolor extraño,
atemporal, aturdido,
con el corazón partido,

otras, huyo de mismo, sin
saber donde, perdiendo
los sentidos,

levito,
ayuno,
hasta sentir el cuerpo vacío y
que la piel respira una
suerte de alivio,

toco fondo pero no me ahogo,
bebo,
fumo hasta que el humo rodea
mis manos y hace un nudo
que no aprieta pero
ata mis muñecas,

cojo, follo, penetro, con rabia,
para no sentir que alguna
vez he querido mucho,

demasiado,
más de lo permitido,

para después aferrarme a la
vida, empezar de nuevo,
aunque sea el mismo
camino,

casi siempre es por ella, pocas
por mi mismo,

todo lo hago

por si alguna vez la cruzo de
nuevo y me pregunta
como estoy,

responderle,

bien, gracias, jodidamente vivo.

Ruben Mangiagli
©2017


Ahí dentro.


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Ahí dentro está ella,
desnuda de piel y de letras
en una
imagen que se parece a cualquiera.
Por la ventana mira
la tarde que se hace noche en
un extraño otoño
que todavía tiene restos de una
espera,
con nombre propio, una historia
que le parece
nunca fue cierta.
Piensa en el remanente parecido a
un amor
que por pudor no se escribe en
libros, no se
hace novela, solo a veces es una
sonrisa parecida
a un poema
Sabe que amó, que ama y si bien la
ausencia de caricias
siempre es la confirmación de una
negación certera,
y aunque no lo quiera saber siempre
sos ojos miran, buscan,
por si algún día él llega.

Ruben Mangiagli
©2017

Ahí afuera.


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Hay afuera una noche que resplandece
la languidez de una luna,

sombras de un desamor y un amor que
recorre las veredas solas

sin respuestas,
con pasos que van y no vuelven como

si la ausencia
pudiera detenerse a mirar quien pasa

y tu hermosura siempre, para siempre
que no se escapa

de mis letras que no encuentran dolor
que las contenga,

prodigas de recuerdos en gris, en negros
arcos que se parecen

a tus cejas, y tus ojos que miran quien
sabe a quien,

puede que a todos, a nadie, pero seguro
no a mi.

La ventana que se agranda como si el
tiempo pudiera

caber en ella y escapar en esta simple
melancolía sin más.

Ya no veo a nadie, todos se han ido a
saber donde,
un suave viento de pianos arrastra las
hojas de un otoño que

se queda quieto, sin meses, sin años y
sin manos,

mientras mi anhelo ancla mi espalda a
un poema

que no sabe terminar, que muere solo
en mi espera.

Ruben Mangiagli
©2017


Darse cuenta.


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Cuando te das cuenta
que algo está mal,
que el corazón lo tienes del revés,

que el dolor sigue arrinconado y
no se va,

la sonrisa solo te sale por la mitad,

notas que no puedes respirar,
que te
olvidaste de algunos verbos,

que hay palabras no quieres pronunciar,

y tus manos se niegan a acariciar,

miras pero no ves,
sientes pero no estás,

solo te queda esperar que pase la noche
y que el nuevo día
no sea igual.

Ruben Mangiagli
©2017

Visiones.


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He visto los ángeles caer del cielo
sin tocar el suelo
queriendo llegar al infierno,

a los mejores escritores sucumbir
a la tentación del halago


como si la eternidad de sus
propias palabras no les alcanzara,

las calles con vagabundos ricos y
perdidos sin tener donde ir,

a los que no tenían que pedir perdón
hacerlo,
y los aborrecibles festejarlo

mientras los censores cortaban
párrafos para no ofender a
Dios,

caminar a los ignorantes como si el
desconocimiento del dolor tuviera
buen sabor,

y me he visto a mi mismo en un poema
de amor aborrecido sin razón.

A veces creo que he mirado todo lo que
hay a mi alrededor,

pero no, sigo buscando en los rincones de
las esquinas de la noche,

en libros aun no escritos, en el tiempo
que se consume con una
copa de licor,

a esa mujer que calme la locura de
de mi corazón

viejo, roto, partido en dos, con solo una

mirada de verde tierra que borre el
pasado que me atrapa

en esta melancolía de desconciertos de
cuerpos me abrazan sin amor.

Ruben Mangiagli
©2017



Tiempo.


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Las personas nos seguimos preguntando que es el tiempo, como si la combinación adecuada de palabras pudiera deslizar un cerrojo y dejar un epigrama perfecto.

“El tiempo es el paisaje de la experiencia” afirma Daniel Boorstin.

“El tiempo no sino el origen del recuerdo” dice Nabokov.

“El tiempo es lo que pasa cuando no pasa nada” afirma Dick Feymman.

“El tiempo es la manera que tiene la naturaleza para evitar que todo suceda a la vez” según Woody Allen.

Hedegger dice, “ No hay tiempo, Que es el tiempo?, tiempo es solo una palabra”

Segun el diccionario American Heritage of the English language:

El tiempo es un continuo no espacial en que los acontecimientos ocurren en una sucesión aparentemente irreversible desde el pasado a través del presente hasta el futuro.

Según la Enciclopedia Británica, “ es el término general para la experiencia de la duración de algo"

Y puede que todas las afirmaciones sean válidas, que tengan razón.

Pero para mí el tiempo simplemente es algo que transcurre alrededor de mi vida desde que ya no la tengo a ella.


Ruben Mangiagli

El señor de la noche.


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Nadie sabe el sabor de la sangre, ni del placer
de quitar la vida para poder vivir

y sobrevivir en

la renuncia a la luz, al sol,
a la vanidad de los espejos,
a olvidarse de rezar.

Las tinieblas tienen un precio,
la eternidad también
que se instala en
la insistencia del tiempo en la piel,
y ya no puedes amar a una mujer,

soy un monstruo eso lo sé,

reino en la noche, en los cementerios de papel
donde las estatuas te miran
pero no te ven,

en mil libros que nadie lee,
en el deseo de todos los que de mí quieren beber,

realmente quieres ser yo?

Porque si lo deseas, ya nunca podrás volver.

Ruben Mangiagli


Sintiéndome.


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La perversión de un amor que no puede ser,
un dolor de manos asimétrico
por escribir

que salta de dedo en dedo hasta llegar al
corazón,

una quinta estación entre el invierno y un
verano que jamás existió,

la estrofa de un poema que nadie aún
escribió,

un vaso vacío de licor, de dolor, de esperas,
con sueños en liquidación,

un polvo sin amor, caricias sin identidad
en una sola dirección,

como un abecedario sin letras,
un crucigrama al revés de palabras sin
sentidos de desamor

y mis ojos que solo te ven a vos,

así me siento, así estoy,

mitad en una parte y la otra sin saber donde
voy.

Ruben Mangiagli
©2017

Los olvidos del olvido.


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Hay momentos me olvido de como
escribir, de comer, de sentir,

del placer por el placer en sí,

de la hora que es, el día, el mes,

si esta estación de lluvia tiene en
algún momento sol, pero
siempre sale por las noches

y no lo veo, no lo siento.

si a mi vida después de vos le
quedan latidos,

aunque sean impares, de vestigios
de vigías estando tan dormido

y no tengo respuesta a la pregunta
de en que momento se apagaron
mis sentidos,

todo se me escapa y no hay
descanso ni pausas,

y me

olvido de todo menos de olvidarte.

Ruben Mangiagli
©2017


La mentira en la verdad.


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No hay manera,
no puedo encontrarte,
no tengo idea de cómo buscarte,

si empezar por tu adiós e intentar
caminar para atrás,

o por la primera noche y decirte
de nuevo hola, cómo estas?

Pero hay tantas paginas
por el medio que no supimos
acabar,

que nada puedo inventar,

no es verdad que las almas se
vuelven a encontrar,

que los besos no se dieron son
los más difíciles de
olvidar,

y también es mentira cuando
me miro al espejo y me
repito,

mil y una vez que no te quiero
y estoy cansado de
esperar,

la verdad es que te sigo queriendo
cómo nunca quise jamás,

no sé como encontrarte y esa
es la puta verdad.

Ruben Mangiagli
©2017


En las paginas de un libro.


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Puede que las violetas hayan
quedado en un libro,

quizá una entera o un pétalo
solitario como el olvido,

encerrado entre letras,
en paginas
que yo no he escrito,

fueron un instante tangible de
presencia de un amor,

una prueba de que existo,

puede que solo hayan quedado
en mi recuerdo,

como una noche de junio que
quedó marcada a fuego,

pero las llamas se apagaran en
un reflejo de espejos

viejos, que no están rotos pero
ya no los veo.

Ruben Mangiagli
©2017


208.


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Cada luna es distinta. Cada luna tiene su propia historia. Dichosos quienes pueden olvidar su mejor luna.

Mientras fumo.


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Nadie se queda mirándome más de unos segundos.
Puede que sea eso lo que nos pasa, nos falta tiempo para mirarnos. Hay demasiadas cosas inexplicables a nuestro alrededor: horrores, amenazas, misterios que atraen, y que luego inevitablemente desencantan. Y se regresa a lo previsible y a lo rutinario. El príncipe nunca va a llegar, todo el mundo lo sabe, y , además, quizá la Bella Durmiente esté muerta.


Una vez más.


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Deja que tu corazón llore,
que tus ojos sangren lagrimas,
y tus manos se aprieten entre en si,

hasta que tus pasos pisen tus pies y te canses
de respirar al revés,

que la herida sea dolor
y la cicatriz cure el rencor,

porque un corazón partido, puede latir para
dos, aunque no puedas olvidar,

vale la pena volver a empezar.

Ruben Mangiagli
©2017


207


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Les ruego a los dioses del olvido que mañana amanezca sin tu piel en mi silencio.

Lo que no te dije después que nos despedimos.


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Yo te deseo la locura, el valor, los anhelos, la impaciencia.

Te deseo la fortuna de los amores y el delirio de la soledad.

Te deseo el buen gusto por las visiones de los cometas, los cuentos de gatos, los poemas de girasoles, y por los hombres que se crucen en tu camino.

Te deseo que tu inteligencia y tu ingenio lleguen al infinito.

Te deseo una mirada curiosa, unas manos con memoria, una boca que sonría y maldiga con precisión divina, unas piernas que no envejezcan, un llanto que te devuelva la entereza.

Te deseo el sentido del tiempo que tienen las estrellas, el temple de los que esperan, la duda de los templos que escuchan las oraciones de los que todo han perdido.


Te deseo la fe de los buenos augurios en la voz de tus muertos, en la recurrencia de los sueños, en los libros que no hemos escrito, en las miradas de tus hijos, en los horóscopos, incluido el chino.

Te deseo la paz de las mujeres que olvidan su destino, que la buscan en la fuerza de los recuerdos y en el futuro como la promesa donde cabe todo lo que aún no te ha sucedido.

Y mi último deseo, es casi un pedido, por favor, que no olvides que he pasado por tu vida, de cuanto te he querido.



Latidos.


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Tengo el licor, las copas,
tu olvido
y los recuerdos,

todo mi amor encerrado
en un bar abierto,

y un corazón

apretado, perdido,

casi muerto,

pero que aun late
por los dos

entre todas mis palabras
que se han ido
contigo.

Ruben Mangiagli
©2017


Ese.


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No puedo callar al poeta mal hablado,
ese del licor y el tabaco,

al que no supo quererte pero siempre
intentó aprenderte,

ese te extraña cuando llueve por la
mañana

y si no llueve también.

El que se pierde entre los espacios de
las palabras que se le escapan

cuando se las dice a otra porque no te
tiene y sos ausencia y todo
lo demás,

ese que es tuyo aunque no lo quieras,
y te espera hasta el mismo
abismo de la locura

del tiempo que se va y no espera.

El mismo que muere por un beso tuyo,

solo uno,

para escribir el ultimo poema de amor
sobre tus labios,

sin letras, sin adverbios, solo con la
boca muda de abecedarios.

Ruben Mangiagli
©2017

La puerta


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A veces ignoramos que al otro lado de una puerta, sólo a unos cuantos pasos de la sala de estar, hay un mundo distinto que nos parece ajeno. Un mundo poblado por seres diferentes, que se buscan los unos a los otros, que se emparejaban, que se agrupaban, que comparten la felicidad y la desdicha, las decepciones, los anhelos, las frustraciones, las expectativas cumplidas o no. 
La vida.
A veces todo es tan simple como abrir una puerta para atrevernos a sentir estamos vivos.



Nunca desistas de un sueño.


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Busca la fuerza para realizarlo,
por más todo te diga que no,
el mundo esté en tu contra,
Siempre es más fácil rendirse,
olvidar,
descansar y abandonar.
Si deseas algo, si amas a alguien,
si sigues buscando algo,
sigue, sigue y sigue

Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.


La soledad.


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Existen personas que nacen aparentemente sanas pero que han sido marcadas con una enfermedad incurable que en una etapa de su vida desarrollarán. 
Y hagan lo que hagan, la padecerán de forma inexorable.
La mayoría de nosotros sufriremos enfermedades en algún momento , aunque de un modo leve, como un catarro del que nos recuperamos en unos días.
La diferencia es que en el caso de algunos hay una enfermedad, que desde el momento en que se manifiesta, durará el resto de nuestras vida, que aunque pocos puedan verla , no tiene cura alguna:

La soledad.