Archive for 2017

Inventario.


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Tengo un inventario de las cicatrices, en particular las de la cara, que veo cada mañana al mirarte al espejo del baño cuando me peino o me afeito. Rara vez pienso en ellas, pero cuando lo hago, entiendo que son marcas que deja la vida, que el surtido de líneas irregulares grabadas en la piel de mi rostro son letras del alfabeto secreto que narra la historia de quién soy, porque cada cicatriz es la huella de una herida curada, y cada herida es el resultado de una inesperada colisión con el mundo y por haber amado tanto.


En las paginas de un libro.


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Puede que las violetas hayan
quedado en un libro,

quizá una entera o un pétalo
solitario como el olvido,

encerrado entre letras,
en paginas
que yo no he escrito,

fueron un instante tangible de
presencia de un amor,

una prueba de que existo,

puede que solo hayan quedado
en mi recuerdo,

como una noche de junio que
quedó marcada a fuego,

pero las llamas se apagaran en
un reflejo de espejos

viejos, que no están rotos pero
ya no los veo.

Ruben Mangiagli
©2017


Soy Argentino.


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Ser Argentino es pelearla, es salir adelante, es rebuscársela todos los días para llevar un plato de comida a nuestra casa. Es soñar con un futuro mejor. Es la incertidumbre, el no saber que nos deparará la semana, el mes, el año que viene. Es esperar la próxima crisis y verla como una oportunidad para superarnos. Es salir adelante. Es nunca estar conformes con lo que tenemos, y siempre pensar que afuera se está mejor.

Ser Argentino es creerse los mejores en todo, sabiendo de antemano, que no lo somos. Es tener la mejor carne, las mujeres más lindas. Es tener la sangre caliente, calentarse por todo. Es putear a toda hora y por cualquier razón, o acaso cuando un amigo se nos aparece de sorpresa no le decimos “Hijo de puta ¿qué haces acá?” Y le damos un abrazo fuerte.
Ser Argentino es sentir pasión por todo lo que hacemos. Pasión por el fútbol. Por nuestros colores, por nuestra bandera, por nuestra selección. Es alentar a nuestro equipo gane o pierda. Es seguir cantando mundial tras mundial que volveremos a ser campeones como en el 86. Es pararse y llevarse la mano al corazón con los primeros acordes de nuestro himno. Es llorar cuando lo escuchamos.

Ser Argentino es el tango, el folklore, es la milanesa napolitana, el alfajor, los pastelitos, la soda, las empanadas, son las torta fritas, el puchero, el guiso, el locro. Ser argentino es el bolígrafo, las huellas digitales, el bypass cardíaco, el bondi. Es Favaloro, Maradona, Messi, El Papa Francisco, Fontanarrosa, Charly Garcia, Fangio, es San Martin, Belgrano, Gardel, Borges, “La Negra” Sosa, , Piazzolla, Vilas, Cortázar, Porcel y Olmedo, es El “Che”, “Tato” Bores. Son Super Hijitus, Paturuzú, Mafalda, Anteojito, Clemente y Manuelita.

Ser Argentino es saber que cualquier excusa es buena para juntarte con amigos. Es compartir un mate con cualquiera, el Fernet con Coca, los asados, una picada con queso, salamín y mortadela, son los ñoquis de la abuela los 29, las guitarreadas. Y también es el truco, la rayuela, la payana, la taba, el sapo, la bolita, el ring raje.

Ser Argentino es no entender como el dulce de leche no es famoso en todo el mundo. Es darnos un abrazo, o un beso en la mejilla entre hombres sin dudar. Es hacer el ridículo sin que nos importe el qué dirán. Es tener sierras, cordilleras, desiertos,  lagos, playas, glaciares, selva, cataratas en un mismo suelo. Es tener la ciudad más austral del mundo. Es la amistad. Es el “Si yo pude, vos también podes”. Es ser solidario. Es sentirse orgulloso de pertenecer a un lugar tan hermoso.
Porque cuando no estamos en nuestro país, no extrañamos a nuestros políticos, no extrañamos los piquetes o embotellamientos, la inseguridad, la viveza criolla, el precio del dólar o la devaluación del peso, el riesgo país, el pago de la deuda externa, no extrañamos luchar para llegar a fin de mes con nuestro sueldo o ver como suben los precios mes a mes.

Extrañamos nuestra tierra, nuestras costumbres, nuestros amigos, nuestra familia, lo que fuimos, somos y seremos, extrañamos nuestra historia en cada esquina, un amor de Villa Devoto, la lluvia, la humedad, nos extrañamos a nosotros mismos.



Jodidamente.


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De vez en cuando me suicido,
de formas diferentes,
en maneras de olvidos,

el daño siempre es el mismo,
un dolor extraño,
atemporal, aturdido,
con el corazón partido,

otras, huyo de mismo, sin
saber donde, perdiendo
los sentidos,

levito,
ayuno,
hasta sentir el cuerpo vacío y
que la piel respira una
suerte de alivio,

toco fondo pero no me ahogo,
bebo,
fumo hasta que el humo rodea
mis manos y hace un nudo
que no aprieta pero
ata mis muñecas,

cojo, follo, penetro, con rabia,
para no sentir que alguna
vez he querido mucho,

demasiado,
más de lo permitido,

para después aferrarme a la
vida, empezar de nuevo,
aunque sea el mismo
camino,

casi siempre es por ella, pocas
por mi mismo,

todo lo hago

por si alguna vez la cruzo de
nuevo y me pregunta
como estoy,

responderle,

bien, gracias, jodidamente vivo.

Ruben Mangiagli
©2017


Ahí dentro.


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Ahí dentro está ella,
desnuda de piel y de letras
en una
imagen que se parece a cualquiera.
Por la ventana mira
la tarde que se hace noche en
un extraño otoño
que todavía tiene restos de una
espera,
con nombre propio, una historia
que le parece
nunca fue cierta.
Piensa en el remanente parecido a
un amor
que por pudor no se escribe en
libros, no se
hace novela, solo a veces es una
sonrisa parecida
a un poema
Sabe que amó, que ama y si bien la
ausencia de caricias
siempre es la confirmación de una
negación certera,
y aunque no lo quiera saber siempre
sos ojos miran, buscan,
por si algún día él llega.

Ruben Mangiagli
©2017

Ahí afuera.


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Hay afuera una noche que resplandece
la languidez de una luna,

sombras de un desamor y un amor que
recorre las veredas solas

sin respuestas,
con pasos que van y no vuelven como

si la ausencia
pudiera detenerse a mirar quien pasa

y tu hermosura siempre, para siempre
que no se escapa

de mis letras que no encuentran dolor
que las contenga,

prodigas de recuerdos en gris, en negros
arcos que se parecen

a tus cejas, y tus ojos que miran quien
sabe a quien,

puede que a todos, a nadie, pero seguro
no a mi.

La ventana que se agranda como si el
tiempo pudiera

caber en ella y escapar en esta simple
melancolía sin más.

Ya no veo a nadie, todos se han ido a
saber donde,
un suave viento de pianos arrastra las
hojas de un otoño que

se queda quieto, sin meses, sin años y
sin manos,

mientras mi anhelo ancla mi espalda a
un poema

que no sabe terminar, que muere solo
en mi espera.

Ruben Mangiagli
©2017


Darse cuenta.


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Cuando te das cuenta
que algo está mal,
que el corazón lo tienes del revés,

que el dolor sigue arrinconado y
no se va,

la sonrisa solo te sale por la mitad,

notas que no puedes respirar,
que te
olvidaste de algunos verbos,

que hay palabras no quieres pronunciar,

y tus manos se niegan a acariciar,

miras pero no ves,
sientes pero no estás,

solo te queda esperar que pase la noche
y que el nuevo día
no sea igual.

Ruben Mangiagli
©2017

Visiones.


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He visto los ángeles caer del cielo
sin tocar el suelo
queriendo llegar al infierno,

a los mejores escritores sucumbir
a la tentación del halago


como si la eternidad de sus
propias palabras no les alcanzara,

las calles con vagabundos ricos y
perdidos sin tener donde ir,

a los que no tenían que pedir perdón
hacerlo,
y los aborrecibles festejarlo

mientras los censores cortaban
párrafos para no ofender a
Dios,

caminar a los ignorantes como si el
desconocimiento del dolor tuviera
buen sabor,

y me he visto a mi mismo en un poema
de amor aborrecido sin razón.

A veces creo que he mirado todo lo que
hay a mi alrededor,

pero no, sigo buscando en los rincones de
las esquinas de la noche,

en libros aun no escritos, en el tiempo
que se consume con una
copa de licor,

a esa mujer que calme la locura de
de mi corazón

viejo, roto, partido en dos, con solo una

mirada de verde tierra que borre el
pasado que me atrapa

en esta melancolía de desconciertos de
cuerpos me abrazan sin amor.

Ruben Mangiagli
©2017



Tiempo.


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Las personas nos seguimos preguntando que es el tiempo, como si la combinación adecuada de palabras pudiera deslizar un cerrojo y dejar un epigrama perfecto.

“El tiempo es el paisaje de la experiencia” afirma Daniel Boorstin.

“El tiempo no sino el origen del recuerdo” dice Nabokov.

“El tiempo es lo que pasa cuando no pasa nada” afirma Dick Feymman.

“El tiempo es la manera que tiene la naturaleza para evitar que todo suceda a la vez” según Woody Allen.

Hedegger dice, “ No hay tiempo, Que es el tiempo?, tiempo es solo una palabra”

Segun el diccionario American Heritage of the English language:

El tiempo es un continuo no espacial en que los acontecimientos ocurren en una sucesión aparentemente irreversible desde el pasado a través del presente hasta el futuro.

Según la Enciclopedia Británica, “ es el término general para la experiencia de la duración de algo"

Y puede que todas las afirmaciones sean válidas, que tengan razón.

Pero para mí el tiempo simplemente es algo que transcurre alrededor de mi vida desde que ya no la tengo a ella.


Ruben Mangiagli

El señor de la noche.


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Nadie sabe el sabor de la sangre, ni del placer
de quitar la vida para poder vivir

y sobrevivir en

la renuncia a la luz, al sol,
a la vanidad de los espejos,
a olvidarse de rezar.

Las tinieblas tienen un precio,
la eternidad también
que se instala en
la insistencia del tiempo en la piel,
y ya no puedes amar a una mujer,

soy un monstruo eso lo sé,

reino en la noche, en los cementerios de papel
donde las estatuas te miran
pero no te ven,

en mil libros que nadie lee,
en el deseo de todos los que de mí quieren beber,

realmente quieres ser yo?

Porque si lo deseas, ya nunca podrás volver.

Ruben Mangiagli


Sintiéndome.


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La perversión de un amor que no puede ser,
un dolor de manos asimétrico
por escribir

que salta de dedo en dedo hasta llegar al
corazón,

una quinta estación entre el invierno y un
verano que jamás existió,

la estrofa de un poema que nadie aún
escribió,

un vaso vacío de licor, de dolor, de esperas,
con sueños en liquidación,

un polvo sin amor, caricias sin identidad
en una sola dirección,

como un abecedario sin letras,
un crucigrama al revés de palabras sin
sentidos de desamor

y mis ojos que solo te ven a vos,

así me siento, así estoy,

mitad en una parte y la otra sin saber donde
voy.

Ruben Mangiagli
©2017

Los olvidos del olvido.


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Hay momentos me olvido de como
escribir, de comer, de sentir,

del placer por el placer en sí,

de la hora que es, el día, el mes,

si esta estación de lluvia tiene en
algún momento sol, pero
siempre sale por las noches

y no lo veo, no lo siento.

si a mi vida después de vos le
quedan latidos,

aunque sean impares, de vestigios
de vigías estando tan dormido

y no tengo respuesta a la pregunta
de en que momento se apagaron
mis sentidos,

todo se me escapa y no hay
descanso ni pausas,

y me

olvido de todo menos de olvidarte.

Ruben Mangiagli
©2017


La mentira en la verdad.


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No hay manera,
no puedo encontrarte,
no tengo idea de cómo buscarte,

si empezar por tu adiós e intentar
caminar para atrás,

o por la primera noche y decirte
de nuevo hola, cómo estas?

Pero hay tantas paginas
por el medio que no supimos
acabar,

que nada puedo inventar,

no es verdad que las almas se
vuelven a encontrar,

que los besos no se dieron son
los más difíciles de
olvidar,

y también es mentira cuando
me miro al espejo y me
repito,

mil y una vez que no te quiero
y estoy cansado de
esperar,

la verdad es que te sigo queriendo
cómo nunca quise jamás,

no sé como encontrarte y esa
es la puta verdad.

Ruben Mangiagli
©2017


En las paginas de un libro.


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Puede que las violetas hayan
quedado en un libro,

quizá una entera o un pétalo
solitario como el olvido,

encerrado entre letras,
en paginas
que yo no he escrito,

fueron un instante tangible de
presencia de un amor,

una prueba de que existo,

puede que solo hayan quedado
en mi recuerdo,

como una noche de junio que
quedó marcada a fuego,

pero las llamas se apagaran en
un reflejo de espejos

viejos, que no están rotos pero
ya no los veo.

Ruben Mangiagli
©2017


208.


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Cada luna es distinta. Cada luna tiene su propia historia. Dichosos quienes pueden olvidar su mejor luna.

Mientras fumo.


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Nadie se queda mirándome más de unos segundos.
Puede que sea eso lo que nos pasa, nos falta tiempo para mirarnos. Hay demasiadas cosas inexplicables a nuestro alrededor: horrores, amenazas, misterios que atraen, y que luego inevitablemente desencantan. Y se regresa a lo previsible y a lo rutinario. El príncipe nunca va a llegar, todo el mundo lo sabe, y , además, quizá la Bella Durmiente esté muerta.


Una vez más.


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Deja que tu corazón llore,
que tus ojos sangren lagrimas,
y tus manos se aprieten entre en si,

hasta que tus pasos pisen tus pies y te canses
de respirar al revés,

que la herida sea dolor
y la cicatriz cure el rencor,

porque un corazón partido, puede latir para
dos, aunque no puedas olvidar,

vale la pena volver a empezar.

Ruben Mangiagli
©2017


207


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Les ruego a los dioses del olvido que mañana amanezca sin tu piel en mi silencio.

Lo que no te dije después que nos despedimos.


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Yo te deseo la locura, el valor, los anhelos, la impaciencia.

Te deseo la fortuna de los amores y el delirio de la soledad.

Te deseo el buen gusto por las visiones de los cometas, los cuentos de gatos, los poemas de girasoles, y por los hombres que se crucen en tu camino.

Te deseo que tu inteligencia y tu ingenio lleguen al infinito.

Te deseo una mirada curiosa, unas manos con memoria, una boca que sonría y maldiga con precisión divina, unas piernas que no envejezcan, un llanto que te devuelva la entereza.

Te deseo el sentido del tiempo que tienen las estrellas, el temple de los que esperan, la duda de los templos que escuchan las oraciones de los que todo han perdido.


Te deseo la fe de los buenos augurios en la voz de tus muertos, en la recurrencia de los sueños, en los libros que no hemos escrito, en las miradas de tus hijos, en los horóscopos, incluido el chino.

Te deseo la paz de las mujeres que olvidan su destino, que la buscan en la fuerza de los recuerdos y en el futuro como la promesa donde cabe todo lo que aún no te ha sucedido.

Y mi último deseo, es casi un pedido, por favor, que no olvides que he pasado por tu vida, de cuanto te he querido.



Latidos.


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Tengo el licor, las copas,
tu olvido
y los recuerdos,

todo mi amor encerrado
en un bar abierto,

y un corazón

apretado, perdido,

casi muerto,

pero que aun late
por los dos

entre todas mis palabras
que se han ido
contigo.

Ruben Mangiagli
©2017


Ese.


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No puedo callar al poeta mal hablado,
ese del licor y el tabaco,

al que no supo quererte pero siempre
intentó aprenderte,

ese te extraña cuando llueve por la
mañana

y si no llueve también.

El que se pierde entre los espacios de
las palabras que se le escapan

cuando se las dice a otra porque no te
tiene y sos ausencia y todo
lo demás,

ese que es tuyo aunque no lo quieras,
y te espera hasta el mismo
abismo de la locura

del tiempo que se va y no espera.

El mismo que muere por un beso tuyo,

solo uno,

para escribir el ultimo poema de amor
sobre tus labios,

sin letras, sin adverbios, solo con la
boca muda de abecedarios.

Ruben Mangiagli
©2017

La puerta


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A veces ignoramos que al otro lado de una puerta, sólo a unos cuantos pasos de la sala de estar, hay un mundo distinto que nos parece ajeno. Un mundo poblado por seres diferentes, que se buscan los unos a los otros, que se emparejaban, que se agrupaban, que comparten la felicidad y la desdicha, las decepciones, los anhelos, las frustraciones, las expectativas cumplidas o no. 
La vida.
A veces todo es tan simple como abrir una puerta para atrevernos a sentir estamos vivos.



Nunca desistas de un sueño.


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Busca la fuerza para realizarlo,
por más todo te diga que no,
el mundo esté en tu contra,
Siempre es más fácil rendirse,
olvidar,
descansar y abandonar.
Si deseas algo, si amas a alguien,
si sigues buscando algo,
sigue, sigue y sigue

Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.


La soledad.


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Existen personas que nacen aparentemente sanas pero que han sido marcadas con una enfermedad incurable que en una etapa de su vida desarrollarán. 
Y hagan lo que hagan, la padecerán de forma inexorable.
La mayoría de nosotros sufriremos enfermedades en algún momento , aunque de un modo leve, como un catarro del que nos recuperamos en unos días.
La diferencia es que en el caso de algunos hay una enfermedad, que desde el momento en que se manifiesta, durará el resto de nuestras vida, que aunque pocos puedan verla , no tiene cura alguna:

La soledad.

Recuerdos.


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Los recuerdos son muertos a los que nos encadenamos con la esperanza de que no nos abandonen nunca, porque en el fondo deseamos creer que nos harán compañía. Y tenemos tanto miedo al olvido que no nos damos cuenta de que, vayamos donde vayamos, deberemos cargar con ellos porque ya no tienen vida. Sé que es jodido de aceptar, pero hay duelos de memorias duraran toda la vida.


206.


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Por ahí la libertad solo sea eso, poder elegir de lo que quieres ser preso.

204.


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Nada hay tan oportuno como arrepentirse del arrepentimiento.

203.


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No dejes que caiga en el olvido que, por un momento fugaz, hubo un reino resplandeciente llamado Camelot.

202.


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No jode la vida 
ni joden los recuerdos. 
Joden las personas.


Curiosidad.


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Es curioso. 
A veces 
uno no puede querer más a alguien 
precisamente por haberlo querido tanto.


201.


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La verdadera valentía consiste en lo siguiente: subraya el error y sigue escribiendo.


En mí.


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Tengo este rayo de luz en mi estomago, agrio, seco, que ilumina este vacío en mí . Puedo ver paredes, muros, murallas que me cortan la respiración. Retumba un te quiero que no puedes oír. Sacude mis huesos hasta tener la sensación se quiebran, pero sigo extrañamente de pie, un latido al revés, una palabra atragantada que no escupe dolor se queda en mi boca. Se parece a tu nombre que casi no recuerdo de tanto pronunciarlo, y no llueve ni hay sol, solo siento esa luz y no tengo idea de cómo puedo estar tan perdido en mi interior.


Mariposas en los ojos.


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El aleteo de una mariposa en Vietnam puede causar un terremoto al otro lado del mundo. 
El casi imperceptible pestañeo de sus ojos era la causa del fin del desastre de los míos.


Solo la Luna.


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Nos habíamos pasado la vida gravitando como dos planetas solitarios, pero nada pudo evitar que nos encontráramos hasta que solo quedó de nosotros la Luna.

RM


Realidad.


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Caminando por el lado ciego,
clavado en un pared,
mientras la noche roba lo que ya no está 
sigo cayendo a través de ventanas sin cristal,


el suelo resbala de izquierda a derecha
y no puedo recoger los pedazos
de mi mismo y las manos
me buscan pero mi cuerpo
es el de un desconocido
que me resulta algo familiar,

mientras mis fantasmas me rodean y con
una reverencia me susurran,

bienvenido a donde te debes quedar,
la casa del mar frente al nunca jamás,

ya eres una marea de olvidos,
de recuerdos desordenos sin ningún lugar,
ese hombre sin nombre que nadie
quiere recordar.

Me quedo quieto, pero sigues siendo lo
único que no puedo olvidar.

Ruben Mangiagli.

Poema para un no.


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Sientes que todo se cayó,
no hay castillos de arena que no se los
lleve el mar,

de cristal no se quiebren,
de rocas no se desgasten,

qué más da si hay infierno o cielo si
todo está en ti y te habita,

nadie te puede ya juzgar.

El silencio es un acero que las miradas
no pueden pasar,

pero yo te veo igual.

Quizá estés demasiado cansada, y el
miedo te apriete hasta que
no de más,

demasiado hermosa, demasiado orgullo,

pero igual sientes que el tiempo
se va,

y los fantasmas del dolor te rodean y se
quedan a tomar el té

mientras mis manos no te pueden
abrazar,

aferrate, sostente,

no te alejes y que las lagrimas salten
aunque ya no quieras llorar.

Si puedo ayudarte a respirar todo mi
aire tendrás,

que las sombras con nombre propio
pierdan su identidad.

Déjame enseñarte la próxima señal, ya
no tienes que escapar,

si pudieras ver con mis ojos, escribir
hasta que tus manos
no sufran más,

tu corazón me volvería a amar,

déjalo, no tienes que pensar,

y que las visiones de nuestro pasado
se esfumen en espejos no las
puedan reflejar,

quiérete, quiéreme,

porque la vida es muy corta para que
no nos volvamos a encontrar.

Ruben Mangiagli
©2017

200.


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La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta.

199.


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Apostar por la esperanza ante la incertidumbre.

198.


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La confusión es siempre un hecho positivo. Porque de la confusión algo nuevo está destinado a nacer. Del orden nunca nace nada nuevo.


El miedo.


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Si tienes miedo de fracasar,es mejor que empieces, fracases si no hay más remedio, te vuelvas a levantar y vuelvas a empezar.
¿Y si fracasas de nuevo? Vuelve a empezar otra vez,
No es el fracaso lo que nos paraliza y nos mantiene estancados sino la renuncia a volver a empezar.
¿Qué más da que tengas miedo?
Si tienes miedo de que algo se te eche encima y te pegue un puñetazo, por lo que más quieras, afróntalo de una vez.
Deja que tu temor se te eche encima y te pegue.
De esta manera lo enfrentaras y podrás seguir adelante.
Lo vencerás.
El temor se te pasará.
En todo caso, es mejor afrontarlo directamente, sentirlo y vencerlo que seguir utilizándolo como excusa.

197.


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Es increíble cómo el final de las cosas se parece siempre al inicio.

Irreconocible.


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Quien dice que la vida sigue es un idiota. No, la vida se para. El tiempo sigue su curso, pero la vida se para un montón de veces dentro de uno y se convierte en algo irreconocible. La parte más difícil es cuando te toca estar parado y esperar.

Cuando llueve en mi habitación.


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Quizá llega un momento en que todo se resquebraja y luego, poco a poco, se rompe y suceden cosas extrañas como la lluvia dentro de mi habitación o la aparición de un objeto que creía perdido y que retorna pero diferente.
Y, al final, también vos te convertiste en algo distinto, aunque de algún modo más exacto.
Ya no sos el pensamiento constante que duele, sino un hecho inesperado que me sorprende y libera, el de saber que una vez en la vida fui inmensamente feliz.


Al final.


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Al final es como si todos vamos en aviones , la vida es riesgo y caídas, nos da miedo cambiar o saltar del avión, preferimos pensar que podemos escapar a intentar algo porque si fallamos puede que no nos quede nada , así que desechamos una posibilidad real para poder aferrarnos a una esperanza, lo malo es que casi siempre la esperanza esa es una mariconada para evitar enfrentar el momento en que estamos.

Nudos y almas.


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No desates el nudo que me une a tu alma, ni borres las letras en la memoria de mis poemas, porque si quitas todas las huellas mis manos huérfanas se quedarán estancadas en tu nombre y no puedo escribir si me sueltas.


196.


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En el mundo yo sólo soy una persona más; pero anhelaba ser el mundo para una persona.


195.


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Si no se cambian los retratos de sitio, uno deja de verlos.

194.


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El tiempo. Ese es el verdadero demonio: nos atiza con el látigo para que sigamos moviéndonos cuando nos gustaría no hacer nada. Disfrutamos de una ilusión de continuidad que llamamos memoria, lo que quizás explique por qué nuestro peor miedo no es el fin de la vida, sino el fin de los recuerdos.


193.


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Llega un momento en que tenemos que olvidar quienes somos para ser solo quien nos habita.