Deshoras.


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Yo no sé dormir, lo intento sí, pero no puedo hacerlo a un hora acertada, una que coincida con mi cansancio físico o con la paz simulada entre sabanas.
Hay muchos factores, no como bien, a deshoras siempre o cuando tengo ganas, el café, el tabaco, el abecedario, las palabras y los fantasmas quizá también tengan ver.
No acierto con la lectura, me pasa como en la vida que no doy con nada, si hay sol llevo paraguas, y aunque confieso que me llueve por dentro y se me empapa el alma no me sirve llevarlo, pero bueno es como un analgésico tenerlo, me permite disimularme y seguir adelante
Tampoco es el dolor, hace años decidí una tarde que ya no existía para mi, ni los recuerdos que se apilan en el desorden del tiempo. Eso de los recuerdos es muy extraño, se me mezclan los buenos y los malos sin embargo los tengo clasificados.
La verdad y lo confieso soy raro, pasa que los demonios me asaltan siempre despierto, tantos años juntos que conocen mis hábitos y se quedan quietos en instantes eternos, pero aparecen a diario, muy miserables ellos y se hacen escritos, cuentos y forman en mi una biografía que detesto.
Debería aprender a dormir, al menos cuando cierro los ojos todavía la sueño.



Ruben Mangiagli
© 2014




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